Frente Auténtico del Trabajo, Mty.

Página del CETLAC-FAT en Monterrey, NL.

MISAEL NÚÑEZ ACOSTA, UN SÍMBOLO DE LA LUCHA MAGISTERIAL

Posted by CETLAC-FAT-Monterrey en febrero 27, 2013

MIsael Nuñez AcostaLaura Poy Solano* (Un texto de 2009)

La tarde del 30 de enero de 1981, cuatro disparos acabaron con la vida del profesor Misael Núñez Acosta (1949-1981). Herido por la espalda, cayó sobre la banqueta, a unos metros de la escuela primaria “Héroes de Churubusco”. Quienes lo mataron no imaginaron que con su desaparición física se convertiría en uno de lo símbolos más representativos del movimiento magisterial democrático de finales del siglo xx, que a 28 años de distancia aún sigue vigente.

A diferencia de otros líderes magisteriales de su época, Núñez Acosta logró aglutinar en torno a las luchas populares no sólo a profesores, también a obreros y colonos. Su trayectoria como luchador social está estrechamente vinculada a las comunidades y sus demandas, pero desde una perspectiva distinta, en el que la organización colectiva, la participación de padres de familia, trabajadores y vecinos, fortalecieron nuevas formas de lucha.

 

La escuela como centro de la movilización, es sustituida por una visión más amplia que incluye a la fábrica y la colonia. La transformación social, requiere entonces, de la participación de todos. De ahí su interés no sólo por las condiciones laborales y sindicales que enfrentaban los docentes. Su cercanía a los grupos obreros y su estrecha participación con colonos, consolidan un liderazgo de hondo arraigo en la comunidad.

 

Inteligente, disciplinado, dotado de una poderosa oratoria, Misael Núñez Acosta también es heredero de los movimientos magisteriales de 1956 a 1960, encabezado por otra figura histórica del magisterio democrático, Othón Salazar Ramírez. Su paso por las Normales rurales del Mexe y Tenería, marcarán una profunda huella en su ideario político y personal.

 

Su compromiso con las causas sociales lo llevaron, en más de una ocasión, a enfrentar los cacicazgos del poder y la corrupción sindical. Convencido del papel revolucionario del docente, asumió la tarea de organizar a colonos, maestros y obreros, con quienes convivió en las zonas fabriles del Estado de México.

 

EL CONTEXTO DE LA LUCHA OBRERA Y MAGISTERIAL

 

Desde finales de la década de 1960, la lucha obrero-patronal en los corredores industriales que rodean la capital del país vive una importante efervescencia. La política de mano dura contra los movimientos sociales y sindicales en los sexenios encabezados por Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), y más tarde, con José López Portillo (1976-1982), deja una honda huella.

 

Huelgas, paros, mítines a puerta de fábrica y hasta el volanteo entre los trabajadores, son castigados con el uso excesivo de la fuerza pública. En la década de los 70 se crea el temido Batallón de Radio Patrullas del estado de México (barapem), responsable de imponer la ley del garrote.

 

En el ámbito magisterial, las cosas no eran diferentes. Carlos Jonguitud Barrios había llegado al poder del snte en septiembre de 1972, tras encabezar a un grupo de 15 dirigentes sindicales que, metralleta en mano, ingresó a la sede nacional del gremio magisterial en la calle de Venezuela 52, en el centro histórico de la ciudad de México, para destituir al entonces secretario general, Carlos Olmos Sánchez.

 

Dos años más tarde nacería el grupo de Vanguardia Revolucionaria. Integrado por la cúpula gremial, encabezada por el propio Jonguitud pero con brazos ejecutores en todos los ámbitos de la vida sindical, bajo el lema de “unidad, democracia e independencia sindical”, imponían una vigilancia represiva sobre todo el magisterio.

 

Para 1977 uno de sus dirigentes, Onofre Hernández Rivera, entonces secretario de organización del snte y miembro del comité de Vanguardia, aseguraba que la consolidación de la organización la lograrían únicamente por el camino de la unidad, y con la bandera de Vanguardia Revolucionaria exterminarían a los detractores y enemigos de la educación.

 

En cada sección sindical del país, por región y delegación, atentos vanguardistas aplicaban un estricto operativo de “vigilancia y control”, con el que se imponía una dura represión a cualquier disidencia.

 

Figura clave en la historia represiva del magisterio en el estado de México, y más tarde en el país, Elba Esther Gordillo Morales también comenzaba su ascenso a la cúpula del poder del snte. En 1973 encabezó la delegación sindical en Ciudad Nezahualcóyotl. Años más tarde, en 1977, fue electa, tras un violento congreso seccional, como secretaria general de la sección 36 del Valle de México, de donde finalmente saldría para integrarse al Comité Ejecutivo Nacional del snte en 1980.

 

A la par del creciente poder de Vanguardia Revolucionaria, en el estado de México confluían líderes magisteriales democráticos, originarios de diversas entidades, quienes tenían una trayectoria de lucha vinculada con organizaciones no sólo magisteriales, sino también obreras.

 

LOS AÑOS DE FORMACIÓN

 

Al igual que el profesor Misael Núñez Acosta, los maestros eran egresados de escuelas Normales. Herederos del pensamiento del viejo maestro rural que recorrió el país desde la segunda década del siglo xx, tras el triunfo de la Revolución Mexicana, ellos abrazaban los ideales plasmados en la época de oro de la escuela rural mexicana.

 

En la obra El maestro rural: una memoria colectiva, Edgar Robledo Santiago destaca: “el maestro rural era un verdadero líder de la comunidad, un orientador eficaz, un guía que jamás torcía el camino; decía siempre la verdad, su interés era servir a todos, para lo cual no escatimaba tiempo y esfuerzo. Enseñaba con el ejemplo, coordinaba esfuerzos, iluminaba voluntades. Todo su trabajo fue desinteresado desde el punto de vista personal, pero profundamente comprometido en servir a la comunidad y a sus moradores.

 

El maestro rural era un incipiente sociólogo de la época, no sabía nada de teoría pero tenía la habilidad de penetrar, analizar y deducir. La comunidad toda era una enorme aula donde el maestro enseñaba, por eso la recorría en todas las direcciones, y la sentía como objetivo general de su incesante actividad”1.

 

Los testimonios de quienes enfrentaron en aquella época a caciques locales, no eran muy distintos de los que 50 años más tarde enfrentarían dirigentes magisteriales como Misael Núñez Acosta.

 

La profesora Ana María Ontiveros García, designada en enero de 1929 como directora de la Escuela Rural de Niñas, en el ingenio de San Antonio de las Huertas, municipio de Nocupétaro, Michoacán, narra en Remembranzas de mi vida como maestra rural, sus primeros enfrentamientos con los dueños del poder: “la hacienda en la que yo prestaba mis servicios funcionaba de manera semejante a las de la época de la Colonia (…) Me causaba pena ver cómo se medía el frijol, maíz o carne según el número de miembros de la familia de los peones. En cambio, los sábados al entregarle la raya semanal, recibían todas las botellas de vino que pedían.

 

“Como al dueño no le convenía que tratara de orientar a los peones, empezó a hacerme sentir que mi presencia no era grata, primero en forma sutil, pero luego paso a la acción directa: pagó a tres personas para que me asaltaran, pero como un padre de familia me alertó a tiempo, salí por la noche a escondidas y lo denuncié en el municipio. Apresaron y castigaron a los culpables, pero a partir de entonces fui vista con malos ojos y se envió a las autoridades escolares un informe difamatorio sobre mi actividad profesional que llegó hasta la Secretaría de Educación Pública (sep)”.

 

A diferencia de sus antecesores, los maestros de las décadas de los años 60 y 70 tenían una sólida formación normalista, en la que aún prevalecía el compromiso de lucha con las comunidades.

 

Misael Núñez Acosta no fue la excepción. Su paso por las aulas de las Normales de El Mexe y Tenería, consideradas como importantes centros de divulgación del pensamiento marxista, dejaron su huella en el que años más tarde sería uno de los principales líderes del movimiento magisterial del Valle de México.

 

En 1966 ingresó a la Escuela Normal Luis Villarreal, ubicada en la comunidad del Mexe, Hidalgo. Como miles de hijos de campesinos, para Misael la escuela Normal es el único espacio de formación a su alcance. Fundadas a principios de los años 30, las Normales rurales surgen como espacios no sólo de formación profesional para hijos de familias campesinas, también son importantes centros de divulgación del pensamiento socialista y comunista.

 

Bajo la visión de un Estado posrevolucionario, el maestro debe ser más que un educador. Se incide en la formación de un docente con una visión integral de la comunidad, donde su tarea no sólo es atender la instrucción de sus alumnos, sino atender las necesidades de sus propias comunidades.

 

Se planteaba que el profesor debería tener una formación con seis características, entre ellas: enseñar por las noches a los adultos, trabajar para el mejoramiento de la comunidad en todos sus aspectos y ser líderes sociales del pueblo.

 

Durante su campaña a la presidencia de la República, el general Lázaro Cárdenas también había delimitado el perfil del maestro normalista diciendo que el maestro revolucionario debía ser líder social, consejero, orientador, no sólo debía enseñar a leer y a escribir, sino mostrar también al proletariado la manera de convivir mejor, de crear una existencia más humana y más justa.

 

Tres décadas después, los estudiantes de las normales rurales aún mantenían las banderas de la reivindicación de la justicia social, y el servicio a la comunidad.

 

Sin embargo, pronto comienzan los problemas para Misael. Tras denunciar los malos manejos en los recursos que se destinan a la alimentación de los alumnos, y en los que están involucradas autoridades del plantel, es expulsado del Mexe.

 

Más tarde debe solicitar ante la Dirección de Normales en el Distrito Federal su reinscripción, pero rechaza su adscripción a la Normal de Atequiza, Jalisco, y finalmente logra su traslado a la Normal de Tenería, ubicada en el municipio de Tenancingo en el Estado de México, donde finaliza sus estudios en 1970.

 

A diferencia de muchos de sus compañeros de lucha, una vez concluida su formación normalista, extendió su interés hacia diversas agrupaciones como la Organización de Obreros Independientes (uoi), fundada en 1972 por Juan Ortega Arenas, promotor del sindicalismo independiente, quien logra aglutinar a trabajadores de la industria automotriz, del transporte y del acero.

 

Al inicio de la década de 1970, la uoi también impulsa la creación de “círculos de estudio” para unificar al movimiento obrero y popular. Se consolidan en Tlaxcala, Hidalgo y Estado de México; en este último surgen con mayor fuerza en los municipios de Tlalnepantla, Xalostoc y Tulpetlac. Es precisamente en esta comunidad donde Misael se sumará a la organización de los obreros.

 

Pronto comienza a impulsar entre los colonos mecanismos de apoyo a los trabajadores en huelga. Crea el programa el kilo de ayuda, con el que vecinos de colonias como La Loma, Texalpa, Tecuexcónac y Los Reyes, entre otras, se suman llevando víveres y acompañando en las guardias nocturnas a los obreros.

 

Una vez más, se hace presente su formación de corte socialista que consolida durante su preparación como docente en las escuelas rurales del Mexe y Tenería. Ahí también surgen acercamientos con corrientes de izquierda.

 

Años más tarde, preocupado por las condiciones de marginación y explotación que enfrenta la clase obrera, decide ingresar a la Universidad Autónoma Metropolitana, fundad en 1974. Ahí inicia sus estudios en Derecho en 1978, y poco después también se inscribe en la carrera de Sociología.

 

LA REPRESIÓN

 

Sin embargo, para la década de 1970, confrontar los intereses de terratenientes y caciques locales o sindicales aún representaba no sólo un riesgo de convertirse en víctima de la represión administrativa, también había una creciente represalia física y laboral que llevó a cientos de maestros a solicitar su traslado a nuevas escuelas, en su mayoría en el Valle de México, como una medida para no sólo continuar en la lucha, también para salvar la vida, porque fue una época en la que hubo muchos desaparecidos, como recuerda un maestro disidente de la sección 36.

 

En la llamada guerra sucia contra el magisterio en las décadas de los años 70 y 80, en el Distrito Federal y Estado de México “se vivía una situación de constante zozobra”, afirman dirigentes magisteriales y compañeros de lucha de Misael Núñez Acosta.

 

Ellos comentan que con mucha frecuencia había enfrentamientos entre el gobierno y los grupos disidentes magisteriales o sindicales. Eran tiempos de la Liga Comunista 23 de Septiembre, de la lucha guerrillera de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, eran tiempos en los que todo ejecutado se le atribuía a la guerrilla o a sectores vinculada con ella.

 

El Valle de México, recuerdan, tenía ciertas características que no había en otros estados. Había muchos líderes de otras regiones. Venían de luchas por la defensa de la tierra, la demanda de servicios básicos, por la organización de campesinos, pero entre todos destacaba Misael, por sus lazos con el movimiento obrero, particularmente la uoi de Ortega Arenas.

 

En esa época el Partido Comunista tenía mucha influencia sobre el magisterio, pero había quienes, como Misael, tenían una formación sólida, muy cerca al pensamiento socialista, aunque en el movimiento magisterial existían muchas tendencias. Estaban las corrientes del Partido Comunista, el troskismo, que más tarde se transformaría en el prt de aquellos tiempos, pero también estaban los maoistas y estalinistas, porque todos eran de alguna manera comunistas.

 

Muchos líderes sindicales continuaron con su formación político-ideológica, y destacan que Misael era uno de los pocos que tenía una visión del snte, en la que era importante su democratización, pero como parte de una lucha más amplia por la liberación de la nación. No era sólo una lucha gremial, esa era la gran diferencia. Luchaba por una patria nueva, con una visión marxista-leninista. Esto motivó siempre la preocupación de muchos en el gobierno, porque luchaba por un cambio en el país.

 

LA LUCHA EN EL VALLE DE MÉXICO

 

El viernes 30 de enero de 1981, minutos antes de ser asesinado, Misael Núñez había concluido una asamblea con padres de familia y obreros de la colonia La Loma, en Tulpetlac, Estado de México, donde se ultimaron los detalles del paro indefinido de maestros que estallaría 48 horas después en demanda de mejores condiciones salariales y por la democratización del snte.

 

Coordinaba las acciones para mantener, a cargo de la comunidad, la vigilancia de la escuela de La Loma, y evitar que fuera tomada por grupos afines al charrismo sindical. No sería la primera vez que la primaria “Héroes de Churubusco” se sumaría a las acciones de la resistencia magisterial.

 

Para esa época, la Coordinación Nacional de Trabajadores de la Educación (cnte) tenía poco más de un año de haber sido fundada. Se vivían momentos de intensas movilizaciones en Oaxaca, Michoacán, Morelos, Guerrero, Chiapas e Hidalgo, pero principalmente en el Valle de México y Distrito Federal. Miles de maestros participaban en paros, marchas y mítines en demanda de mejores condiciones laborales y salariales, y sobre todo por la democratización del gremio magisterial.

 

Al ser asesinado, Misael tenía 31 años de edad. Padre de tres hijos, maestro normalista y líder social, había acumulado en su corta existencia una larga lista de luchas por la defensa de obreros, colonos y maestros. Hijo de campesinos de la huasteca hidalguense y de religión protestante, creció en la pobreza.

 

Comprometido desde su juventud con la organización popular, sus primeros pasos en el magisterio estuvieron acompañados de una profunda vinculación con las comunidades y sus demandas sociales, que perduraron a lo largo de su vida.

 

Su primer trabajo como maestro, en 1970, lo lleva hasta Santiago Yalhuitlalpan, Puebla, donde pronto organizó a sus pobladores para demandar e impulsar la construcción de una escuela telesecundaria y un camino vecinal.

 

Cuatro años más tarde se traslada a Ecatepec, Estado de México, –luego de ser profesor en las comunidades de Cardenal y Xalostoc–, para incorporarse como director del turno vespertino de la primaria “Héroes de Churubusco”, ubicada en el municipio mexiquense de Tulpetlac, donde su familia se había afincado desde 1965, en la colonia La Loma.

 

Asentada en una de las zonas de mayor crecimiento fabril y en la parte alta de Tulpetlac, en La Loma se carecía de agua potable, drenaje y pavimentación. Allí vivían en su mayoría familias originarias de Hidalgo, Zacatecas, Querétaro y Estado de México, hacinadas en pequeñas viviendas, con caminos de terracería, donde los vecinos tenían que recorrer largos y empinados trechos para tener acceso a agua potable.

 

Con frecuencia, los colonos eran expulsados de sus casas por terratenientes locales, que en la década de los años 50 fraccionaron grandes extensiones de terreno que vendían a más de una familia, lo que generaba un clima de incertidumbre, ya que la tenencia de la tierra en Tulpetlac era uno de los problemas más graves.

 

Para quienes vivieron en los primeros asentamientos urbano-populares en Tulpetlac, el recuerdo es amargo. Refieren que muchos migraron del campo. Dejaron la tierra por malas cosechas, se perdían por falta de agua o de plano apenas si salía para comer. Llegar a Tulpetlac no fue fácil, porque ya habían vendido todo en el pueblo, y la gente de allá era arisca; los del mero Tulpetlac se sentían más arriba de ellos, y ni siquiera dejaban que los niños fueran a la escuela, así que había que buscar lugar en otras colonias de por allá. Recuerda un ex obrero con más 30 años de vivir ahí.

 

Nada más llegar y observar las condiciones de vida y de explotación que sufrían los colonos, Misael empezó a organizarlos contra las arbitrariedades de los caciques locales, en complicidad con las autoridades municipales, que los despojaban de sus viviendas.

 

Cuando un vecino era desalojado y sacaban sus pertenencias a la calle, el maestro Misael, recuerdan colonos de La Loma, de inmediato decía que las metieran, y así lo hacían, en la mañana los desalojaban por la fuerza, y en la tarde los reinstalaban.

 

La indiferencia de las autoridades municipales y estatales ante las solicitudes de acceso a los servicios básicos, impulsaron a Misael a encabezar actos de protesta. Para 1976 crea la Coalición de Colonos de Tulpetlac, que tendrá un papel central en la lucha por el acceso al agua potable, electricidad y drenaje, además de la construcción de escuelas.

 

Al movimiento social iniciado por el profesor normalista, pronto se sumaron habitantes de otras colonias como Texalpa, Tecuexcónac y Los Reyes, en Tulpetlac, que sufrían las misma carencias de La Loma, por lo que establece el llamado Plan Integral de Obras, que impulsó durante los siguientes tres años.

 

La participación y organización de los colonos fue clave para el mejoramiento de las condiciones de vida de miles de familias encabezadas, en su mayoría, por obreros de uno de los corredores industriales más importantes del país, pero donde las condiciones laborales y salariales eran por demás precarias.

 

Además del movimiento magisterial, a finales de los años 70, en el Estado de México también se vivía una efervescencia obrera. Las huelgas se multiplican en las principales empresas del corredor industrial de Cuautitlán Izcalli y Toluca-Lerma.

 

En el municipio de Ecatepec prolifera la instalación de nuevas fábricas, en las que persisten las demandas de mejores condiciones salariales y laborales, ante una creciente precarización del empleo.

 

La proliferación de sindicatos independientes y organizaciones urbano-populares, movilizaban a los obreros que enfrentaban el cierre de sus fuentes de empleo, pago incompleto de salarios y despidos injustificados, lo que generaba paros, huelgas y mítines a puerta de fábrica.

 

Empresas como Laminadora Kreimerman, Trailmovile, General Electric, Gas Metropolitano, Camas y Tubos Kelvinator, Aceros Ecatepec, Liberty y Babcock-Wilcox, entre otras, enfrentan movilizaciones obreras y la existencia de un sindicalismo independiente.

 

Su vinculación con los colonos, que al mismo tiempo son padres de familia y obreros, llevó a Misael a consolidar un liderazgo distinto al del resto de los dirigentes magisteriales en el Valle de México.

 

Hacia finales de la década de 1970 surgen la cnte y las grandes movilizaciones de miles de maestros en Oaxaca, Chiapas y Morelos, donde las principales banderas de lucha no son sólo las mejoras salariales sino el acceso real a una vida sindical democrática. Esto se conjugó con un clima de tensión en el sector obrero que estallaría en paros y movilizaciones.

 

La década de 1980 se inaugura con nuevas movilizaciones magisteriales. Los líderes charros de la cúpula jonguitudista son incapaces de contener la efervescencia de los maestros que por miles salen a las calles a repudiar la corrupción y violencia del charrismo sindical.

 

En la sección 36 del Valle de México la inconformidad crece día a día. Se realizan mítines, asambleas, marchas. Misael Núñez Acosta encabeza uno de los movimientos más activos, al que se suman obreros y colonos. Los paros de labores están apoyados por los padres de familia que participan en el resguardo de las instalaciones escolares para prevenir cualquier intensión de toma por parte de los grupos institucionales.

 

El entonces secretario general del snte, Ramón Martínez Martín, también pretende utilizar la política de mano dura y acabar con la insurgencia magisterial; sin embargo, ésta continúa. El 13 de noviembre de 1980 se celebra el Primer Congreso de Masas de los maestros del Valle de México, al que asisten más de 13 mil profesores y donde Misael es elegido secretario de conflictos de escuelas primarias.

 

Para finales de ese mismo mes, los profesores que demandan la democratización de su sindicato en el Valle de México instalaron un plantón frente a las oficinas de la Secretaría de Educación Pública, en el que se hace una constante denuncia del charrismo sindical. Con la presión de la cúpula jonguitudista a la burocracia política, los maestros se ven obligados a levantar la protesta sin ver cumplidas todas sus demandas.

 

Sin embargo, para el inicio de 1981, maestros de Guerrero e Hidalgo comienzan a sumarse a las movilizaciones para preparar un paro indefinido que estallará el 2 de febrero de ese mismo año.

 

CCL DEL VALLE DE MÉXICO

 

Tras la creación de la cnte, los dirigentes más importantes del Valle de México, entre ellos Misael Núñez Acosta, Ramón Cougho, Teodoro Palomino, José González Figueroa, Germán Aguilar, Sergio Montaño, Mauro Pineda, entre otros, integran el Consejo Central de Lucha (ccl) del Valle de México, desde donde se dirigirá el movimiento magisterial de la sección 36.

 

El ccl impulsa las demandas de la cnte, como el descongelamiento del sobresueldo y la exigencia de democracia sindical. La labor de Misael como uno de los principales dirigentes comienza a ser reconocida por la amplia participación del magisterio de la zona de Tulpetlac en las movilizaciones de protesta.

 

Teodoro Palomino, un destacado dirigente de esa época, afirma que Misael era muy responsable en el trabajo educativo, pues a pesar de que un sector de maestros que trabajaban en su escuela eran militantes y afiliados de Vanguardia Revolucionaria, él logró cuando menos que en los momentos de la acción sindical se incorporaran al movimiento, todo el personal de su escuela formaba parte del Consejo Estatal de Lucha Magisterial del Valle de México.

 

La labor a favor de las demandas de la base magisterial, generan una enorme desbandada, porque de los 18 mil profesores que había en el Valle de México, más de 14 mil se suman al ccl, y es la figura de Misael la que genera más interés, aunque había muchos destacados líderes.

 

Tras la realización del Primer Congreso de Masas y el estallamiento de movilizaciones en Guerrero e Hidalgo, el movimiento magisterial en el Valle de México se prepara para un periodo decisivo. Comienzan a ultimarse los detalles para una convocatoria a un paro nacional magisterial el 2 de febrero de 1981, al que se sumarían profesores de todo el país.

 

Sin embargo, el tiempo se detuvo para Misael Núñez Acosta aquel 30 de enero de 1981, cuando sus asesinos materiales Rufino Vences Peña, Joel Vences Hernández y Jorge Mejía Pizaña, le dispararon con la Colt calibre .45 a menos de un metro de distancia.

 

El impacto de su muerte generó una oleada de indignación y rabia no sólo en el magisterio disidente, también entre colonos y obreros del Valle de México, quienes desde el día del crimen señalaron como autores intelectuales al entonces dirigente del snte, Carlos Jonguitud, y a Elba Esther Gordillo Morales.

 

La desaparición física de Misael caló hondo en las bases magisteriales, pero no detuvo la insurgencia, y como se tenía previsto, 48 horas después de su muerte miles de maestros regresaron a las calles para iniciar un paro de labores.

 

A 28 años de su muerte, la memoria viva de Misael Núñez Acosta aún acompaña las movilizaciones más importantes del magisterio democrático en el país. Símbolo de un ideal social y libertario, miles de maestros en todo el país se asumen herederos de su lucha por la construcción de un país diferente, con justicia social y libertad sindical.

1 Gabriel Cano y Ana Lidia García, El maestro rural: una memoria colectiva. México: sep, 1991.

  * Periodista de La Jornada.

http://www.elcotidianoenlinea.com.mx/pdf/15410.pdf

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: