Frente Auténtico del Trabajo, Mty.

Página del CETLAC-FAT en Monterrey, NL.

La revolución de Ricardo Flores Magón

Posted by CETLAC-FAT-Monterrey en agosto 13, 2012

La revolución de Ricardo Flores Magón

Tenemos el derecho a elegir a nuestros antepasados.

José López F.

Según Paco Ignacio Taibo II tenemos el derecho a elegir a nuestros antepasados. Podemos escoger de quien queremos descender, recuperarlos de la historia, desempolvarlos, tomarlos de referente.
La burguesía tiene a su Eugenio Garza Sada. Miembro destacado de la clase capitalista regiomontana.
Pero los de abajo, los de a pie, los nadies, los sin nada ¿qué?
Un pueblo sin memoria es un pueblo, débil, desarmado, sin brújula, sin rumbo.
Y tenemos 2 opciones: seguir igual, sin memoria, sin referentes. O ejercer la memoria histórica, regresar a la vida a aquellos personajes con los que nos identificamos, con quienes reconstruiremos el camino por el que andaremos.
En mi opinión uno de esos personajes puede ser Ricardo Flores Magón.

Magón encabezó el movimiento más rebelde, más radical durante la dictadura de Porfirio Díaz y durante el levantamiento armado de 1910. Pero a la vez era el proyecto más coherente, más ético, era un proyecto que planteaba una verdadera revolución en el país. Revolución es sinónimo de cambio, de transformación.

Francisco I. Madero no proponía un cambio; Panchito quería reformar algunos aspectos del régimen de Díaz, quería reformas políticas solamente, quería libertad política en un país de hambrientos y esclavos. 

 

No. Los magonistas planteaban que no podía existir la libertad política sin la igualdad económica. Los pobres no comen boletas electorales, decían. Y una revolución en donde mandan los mismos de siempre, y obedecen los mismos de siempre no es revolución.

Pero ¿quién es Ricardo Flores Magón?

Bueno, pues Ricardo es un personaje épico de la historia mexicana.  Nació en una comunidad indígena de Oaxaca (San Antonio Eloxochitlan, Oaxaca) en 1873.

Hijo de un combatiente antiimperialista, su padre peleó contra la invasión francesa.

Su odio a la tiranía, representada en Porfirio Díaz, lo supo canalizar muy bien por un medio peligroso hasta nuestros días: la prensa.

Cuando aún era estudiante de Derecho, Ricardo, junto con sus 2 hermanos y otros compañeros fundaron un periódico llamado el Demócrata, allá en el año de 1892. Sería la primera tribuna para denunciar las injusticias cometidas contra el pueblo pobre

 

“¡Por fin” –dijo Ricardo gozoso- “podemos hacer algo! Contamos con un arma que le puede asestar golpes terribles a este asqueroso gobierno. Pero creo que más vale, al principio, no meterse con Díaz personalmente, sino con sus paniaguados.”

            “Buena idea,” dijo Jesús.

            “¿En qué bichos estás pensando, Ricardo?”, le pregunté yo.

            Los ojos se le encendieron. “Metámonos primero con los tribunales corrompidos y esos hacendados salvajes, y los tripudos dueños de fábricas que les pagan a los trabajadores salarios tan miserables. ¡A la chingada todos! ¡Démosles en la mera madre con toda nuestra fuerza!”

            “¡Bravo!”, gritamos Jesús y yo entusiasmados.

El Demócrata llegó a un tiraje de 10,000 ejemplares y algo que llama mucho la atención porque sabemos que la mayoría de la población no sabía leer ni escribir, entonces cómo era posible que se vendieran tantos periódicos. Pues  bien, la gente se lo aprendía de memoria, como lo recuerda Enrique Flores Magón:

Se reunían en grupos de treinta, cincuenta o más, en algún lugar en que no pudieran molestarlos sus patrones o los lacayos de éstos. Allí esperaban la llegada del compañero que sabía leer. Después de terminar de leer El Demócrata, le pedían que lo volviera a leer varias veces. Su público, de campesinos en el campo y de obreros en la ciudad le escuchaba atentamente. Se aprendían el contenido de memoria y lo repetían a amigos y vecinos. De este modo la influencia del periódico llegaba mucho más allá del número de ejemplares imprimidos (sic).

 

Como era de esperarse, el gobierno respondió con el encarcelamiento de Jesús, Ricardo se salvó porque se hizo pasar por uno de los impresores. Tuvo que huir y el Demócrata murió en su cuarta edición.

 

Desde muy jóvenes frecuentaban las lecturas de anarquistas y socialistas europeos como Malatesta, Bakunin, Kropotkin, Marx.

 

Los hermanos Magón no bajaron la guardia y el 7 de agosto del 1900 nace el mítico periódico Regeneración, periódico independiente de Combate, lema cuya autoría sería su madre Margarita Magón.

Unos días más tarde, cuando Ricardo ya había regresado a la ciudad de México, la policía irrumpió a Regeneración y se lo llevaron junto a Jesús.

 

Esta situación hizo que empeorara la salud de su madre, quien ya estaba enferma, casi moría…

Se le pidió a las autoridades que dejaran a los hermanos ver a su madre pero se negaron.

A la casa donde moría la madre llegó un emisario y le indicó que sus hijos podrían salir en libertad. La madre sintió un alivio. Pero con una condición dijo el emisario. Con la condición de que usted les pida como última voluntad que dejen de atacar al presidente. La madre, quien muy apenas podía hablar por su enfermedad, dijo con rabia impotente ¡Nunca! Prefiero verlos ahorcados a que se arrepientan de lo que han hecho o quiten una sola palabra de lo que han dicho!.

El emisario se retiró muy conmocionado y admirado de la actitud de aquella señora valiente. Enrique estaba a un lado de doña Margarita cuando ésta ya no pudo más y murió, momentos después de aquella escena.

 

Los floresmagón ya sin Regeneración decidieron rentar el Hijo del Ahuizote, que era un periódico de sátira política. Su tiraje llegó hasta los 26 mil ejemplares, en los cuales se ridiculizaba y criticaba sin cuartel al tirano de Díaz.

 

De nuevo arrestaron a los floresmagón. Esta vez porque Bernardo Reyes se sintió ofendido por un articulo en el Hijo del Ahuizote.

 ¡Qué sorpresa cuando éstos estando en la cárcel, el periódico volvió a circular! Los revolucionarios se hicieron amigos de los soldados que los custodiaban. Les hacían llegar pluma y papel. Se emocionaron cuando supieron que aquellos reos eran ni más ni menos que los valientes del periódico de denuncia.

 

A los 30 años cumplidos, Ricardo se exilia en el extranjero. Es un hombre alto, moreno, robusto, rostro ancho. Usa bigote, tiene rizado el pelo, tiene ojos negros igual su cabello. Fuma constantemente y la expresión detrás de unos anteojos sin arillos es de una tranquila seriedad.

No tiene fama de enamorado, ni tiene hijos. Tiene facilidad para escribir y utiliza el seudónimo de Escorpión. No bebe, no permite ningún pequeño lujo.

 

A esa edad, cruza la frontera con Enrique y Santiago de la Hoz.

 

Al estar en los Estados Unidos, los liberales tenían un objetivo preciso aquel año de 1904: Planear la revolución armada desde aquel país. Se pensaba publicar, adquirir armas, impulsar el descontento social y formar grupos clandestinos.

 

Mientras los exiliados se dieron a la tarea de publicar de nuevo Regeneración cuya suscripción llegó hasta los 30 mil ejemplares.

 

De San Antonio se trasladan a Sant Louis Missouri en 1905 y al siguiente año conformaron la Junta Organizadora del PLM. Juan Sarabia y los floresmagón son arrestados por la autoridad estadounidense, además de confiscar su imprenta. Al salir huyen a Canadá.

 

Ese año, 1906, se produce la huelga de Cananea, donde militantes liberales tienen una participación importantísima. Las autoridades creían que Ricardo era un tipo muy peligroso para sus privilegios, tanto que su imagen fue distribuida por cientos de miles de hojas en las cuales se ofrecía una recompensa de 20 mil dólares por su captura, como si fuera un delincuente.

 

Ese mismo año se sacude Río Blanco, Veracruz, con otra huelga general con participación directa de militantes magonistas.

 

También apareció el Programa del Partido Liberal del 1 de julio de 1906, del cual se imprimieron 500 mil copias (otros dicen que se imprimieron 250 mil) y fue resultado de una amplia consulta por entre los grupos liberales existentes en México.

 

Este año fue decisivo, los magonistas organizaron también un levantamiento armado, tenían 44 grupos guerrilleros esparcidos por casi todo el país con 50 y hasta 200 combatientes por célula. Tenían presencia en Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, Veracruz, Oaxaca, Puebla,, entre otros.

 

A pesar de ser descubierta la rebelión, se efectuó tomando pequeños pueblos y atacando las fuerzas federales aunque no tuvo el impacto necesario y tuvieron que replegarse.

 

El segundo levantamiento fue en 1908 y contaban con cerca de 30 grupos guerrilleros.

 

En 1908 se intenta un nuevo alzamiento pero la autoridad de nueva cuenta los sorprende debido a la red de espionaje existente.

 

Los miembros de la Junta no pueden comunicarse oportunamente con los clubes y grupos liberales.

 

Los revolucionarios liberales toman los poblados de las Palomas y las Vacas, en Chihuahua, y de Viesca, en Coahuila. Pero no se dieron las condiciones para mantenerlas por lo que dejan los puntos tomados.

 

En 1910, seguían manteniendo los grupos con más de 30 de ellos y miles de combatientes. Este año tenían contemplado el levantamiento para el 16 de septiembre pero decidieron esperarse para el mismo día que había convocado Madero.

 

En las filas magonistas los jefes militares eran elegidos democráticamente por los combatientes. Con esto intentaban incorporar un funcionamiento democrático en la estructura vertical como lo es un ejército.

 

A fines de 1905, Ricardo explica en una carta a uno de sus partidarios:

“No debemos buscar la caída del tirano actual para colocar en su lugar a otro tirano, sino que debemos procurar el derrumbamiento del sistema opresor (…) para implantar un sistema que garantice mejor la felicidad de los mexicanos. El pueblo tiene derecho de asegurar sus libertades políticas y sociales, y eso no lo procurará ningún hombre, sino las instituciones, y las instituciones no pueden ser jamás obras de un general que dé un cuartelazo, sino conquista legítima del pueblo.

La revolución del porvenir tiene que ser no solamente política sino social, porque de lo contrario recaemos en otra tiranía tal vez más espantosa que la que ahora nos agobia”.

 

Fernando Zertuche señala que el programa es un intento de conjugar las fórmulas para evitar el autoritarismo, la insumisión a la injusticia social y económica y constituye una cierta respuesta a las necesidades sociales y económicas del pueblo.

A su regreso a Texas, la Junta Organizadora prevé que ya se han formado un buen número de grupos armados con los cuales levantarse en armas pero son descubiertos, inmediatamente son neutralizados por las autoridades mexicanas y norteamericanas.

 

A pesar de caer en otra derrota, los liberales obtienen mucha simpatía entre los grupos socialistas, anarquistas y sindicalistas de Estados Unidos.

Los liberales, además de tener como misión la creación de grupos guerrilleros en México, la adquisición de armas, y de reclutar voluntarios, también se dedicó a organizar a los trabajadores mexicanos en Estados Unidos, pues había por decenas de miles.

 En el año de 1910, los dirigentes liberales habían sido liberados por la autoridad norteamericana de uno de tantos secuestros que el Capital había asestado contra los revolucionarios mexicanos

 

Ese mismo año, Francisco I. Madero, candidato a la presidencia por parte del Partido Anti-reeleccionista tenía el momento más fuerte de apoyo en México.

Los liberales no dudaron en señalar que Madero no representaba los intereses de las clases oprimidas y explotadas mexicanas sino que provenía de una familia de hacendados y su programa era de carácter burgués

 

Madero pensaba que los pelemistas se unirían a él pero los liberales dejaron bien en claro que sus programas eran muy diferentes. Para Ricardo el objetivo era la dignificación del proletariado, partiendo de la base material de la reducción de la jornada laboral y el aumento de salarios (esto lo afirma Ruben Trejo). Las tierras y los medios para cultivarlas deben ser entregados al pueblo.

El PLM proponía el debilitamiento del clero y el debilitamiento del poder ejecutivo. En cambio el programa maderista no confrontaba con la Iglesia, no decía nada en cuanto a la dignificación del proletariado y menos de la entrega de las tierras a los campesinos que las trabajen. No había por qué extrañarse, Madero venía de las familias privilegiadas y su programa político no podría traicionar a su clase.

 

Para Ricardo Flores Magón los insurrectos debían levantarse en armas con el fin de conquistar la libertad económica, base de todas las demás libertades. Las masas debían estar concientes que nadie le daría el pan, ni la tierra, que ellos deberían conquistar estas exigencias tomando las tierras.

Un día antes del levantamiento armado del 20 de noviembre, de las páginas de Regeneración se leía:

“Debemos tener presente que lo que se necesita es que el pueblo tenga pan, tenga albergue, tenga tierra para cultivar, debemos tener presente que ningún gobierno, por honrado que sea, puede decretar la abolición de la miseria. Es el pueblo mismo, son los hambrientos, son los desheredados los que tienen que abolir la miseria, tomando en primer la posesión de la tierra (…) si al empuñar el Winchester vamos decididos, no al encumbramiento de otro amo, sino a la reivindicación de los derechos del proletariado (…) encauzaremos el movimiento popular por un camino digno de esta época. (…) el bienestar de las familias no lo podrá dar ningún gobierno. Sois vosotros los que tenéis que conquistar esa ventajas…”.

 

El manifiesto del 23 de septiembre de 1911 es el documento más significativo desde que los magonistas han abandonado los principios liberales. Es en el que se muestra, ahora sí, ya sin los elementos socialistas –como Antonio I. Villarreal-, que han adoptado el programa anarquista completa y públicamente.

Han pasado por un proceso dialéctico en el aspecto ideológico en el que confrontaron su pasado liberal con sus reivindicaciones meramente políticas para confrontar con las ideas revolucionarias del socialismo y anarquismo que no consideraban –y consideran aún- que una revolución política no basta, que la conquista de libertades políticas no son suficientes si no están fundadas sobre la libertad económica. Dicha libertad la obtiene el proletariado al emanciparse del yugo de las clases propietarias y de su protector, el Estado. Así, la revolución social se completará al abolir las clases productoras el principio de la propiedad privada.

 

A continuación algunos extractos de relevancia importante:

 

“Abolir ese principio (de la propiedad privada) significa el aniquilamiento de todas las instituciones políticas, económicas, sociales, religiosas y morales que componen el ambiente dentro del cual se asfixian la libre iniciativa y la libre asociación de seres humanos que se ven obligados, para no perecer, a entablar entre sí una encarnizada competencia, de las que salen triunfantes no los más buenos, no los más abnegados, ni los mejor dotados física moral o intelectualmente, sino los más astutos, los más egoístas, (…) los que colocan su bienestar personal sobre cualquier consideración de humana solidaridad y de humana justicia.

 

Sin el principio de la propiedad privada no tiene razón de ser el gobierno, necesario tan sólo para tener a raya a los desheredados en sus querellas o en sus rebeldías contra los detentores de la riqueza social; ni tendrá razón de ser la Iglesia, cuyo exclusivo objeto es estrangular en el ser humano la innata rebeldía contra la opresión y la explotación por la prédica de la paciencia, de la resignación y de la humildad (…) y  para que los pobres no aspiren a los goces de la tierra y constituyan un peligro para los privilegios de los ricos, prometen a los humildes, a los más resignados, a los más pacientes, un cielo que se mece en el infinito, más allá de las estrellas que se alcanzan a ver.

 

Capital, autoridad y clero; he ahí la trinidad sombría que hace de esta bella tierra un paraíso para los que han logrado acaparar en sus garras por la astucia, la violencia y el crimen, el producto del sudor, de la sangre de las lágrimas y del sacrificio de miles de generaciones de trabajadores, y un infierno para los que con su trabajo e inteligencia trabajan la tierra, mueven la maquinaria, edifican las casas, transportan los productos, quedando de esa manera dividida la humanidad en dos clases sociales de intereses diametralmente opuestos: la clase capitalista y la clase trabajadora; la clase que posee la tierra, la maquinaria de producción y los medios de transportación de las riquezas, de la clase que no cuenta más que con sus brazos y su inteligencia para proporcionarse su sustento.

 

La propuesta de los liberales para la reorganización de la sociedad era claramente anarco-comunista. En el manifiesto llamaban a los desheredados a tomar la tierra, las fábricas, las minas, los medios de transporte, almacenes comercios y casas. De esta forma la riqueza social pasaría a manos de su verdadero dueño: el pueblo trabajador. Así la producción tendría como fin el bienestar del pueblo.

Aconsejaban que la riqueza  debía ser inventariada para sostener al pueblo mientras durara la revolución. Los trabajadores debían ponerse de acuerdo para trabajar en común los medios de producción, muriéndose de hambre solo aquellos que no quieran trabajar a excepción de los que justifiquen que no lo pueden hacer.

 

Todo lo que se produjera sería enviado a un almacén general del que todos tendrían derecho a tomar todo lo que necesiten según sus necesidades, sin otro requisito que mostrar una contraseña que demuestre que está trabajando. Evitar la división de la tierra, es  indispensable trabajarla en común igual  que las fábricas.

 

El magonismo era enemigo de la dictadura de Díaz, pero también de Madero, de Carranza y de Obregón porque su lucha no era contra un individuo y otro sino contra el mismo estado y capitalismo. Buscaban construir una nueva sociedad sin clases sociales donde la tierra sea realmente de quien la trabaja, al igual que la fábrica.

 

Ricardo Flores Magón pisó 13 veces la cárcel por su actividad revolucionaria. El 21 de noviembre de 1922 murió en una cárcel de Leavenwort, Kansas, luego de ser condenado a 20 años de prisión por publicar un manifiesto a los trabajadores y anarquistas del mundo.

 Unos meses antes de morir, Ricardo selló su destino en una carta a su amigo Nicolás Bernal (22 de septiembre de 1922):

La camarada Erma Barsky, de Nueva York, me escribió la semana pasada. Me dice que el Lic. Harry Weinberger fue a Washington la semana pasada a urgir una decisión en mi asunto, pero sabe que muchos amigos y eminentes influencias han pedido al Gobierno mi libertad por razón de ir quedándome ciego rápidamente. En el Departamento de Justicia se dijo al señor Weinberger que nada puede hacerse en mi favor si no hago una solicitud de perdón… Esto sella mi destino: cegaré, me pudriré y moriré dentro de estas horrendas paredes que me separan del resto del mundo, porque no voy a pedir perdón. ¡No lo haré! En mis veintinueve años de luchar por la libertad lo he perdido todo, y toda oportunidad para hacerme rico y famoso; he consumido muchos años de mi vida en las prisiones: he experimentado el sendero del vagabundo y del paria; me he visto desfalleciendo de hambre; mi vida ha estado en peligro muchas veces; he perdido mi salid; en fin, he perdido todo, menos una cosa, una sola cosa que fomento, mimo y conservo casi con celo fanático, y esa cosa es mi honra como luchador. Pedir perdón significaría que estoy arrepentido de haberme atrevido a derrocar al Capitalismo para poner en su lugar un sistema basado en la libre asociación de los trabajadores para producir y consumir, y no estoy arrepentido de ello. Pedir perdón significaría que abdico de mis ideales anarquistas; y no me retracto, afirmo, afirmo que si la especie humana llega  alguna vez a gozar de verdadera fraternidad y libertad, y justicia social, deberá ser por medio del anarquismo.

Así, pues, mi querido Nicolás, estoy condenado a cegar y morir en la prisión; mas prefiero esto que volver la espalda a los trabajadores, y tener las puestas de la prisión abiertas a precio de mi vergüenza. No sobreviviré a mi cautiverio, pues ya estoy viejo; pero cuando muera, mis amigos quizá inscriban en mi tumba: “Aquí yace un soñador”, y mis enemigos: “Aquí yace un loco”. Pero no habrá nadie que se atreva a estampar esta inscripción: “Aquí yace un cobarde y un traidor a sus ideas.”

Octavio Paz dice en El Laberinto de la Soledad que “nuestra muerte ilumina nuestra vida. Si nuestra muerte carece de sentido también la tuvo nuestra vida. Hay que morir como se vive”.

 La vida y la muerte de Ricardo tuvo sentido en tanto que trascendió a la historia. Tenía que morir como vivió: fiel a sus ideales 

 

 

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