Frente Auténtico del Trabajo, Mty.

Página del CETLAC-FAT en Monterrey, NL.

EL PETROLEO, INDUSTRIA PRIVADA O ESTATAL

Posted by CETLAC-FAT-Monterrey en abril 18, 2012

México SA

Carlos Fernández-Vega / La Jornada /18 de Abril de 2012

■ Privatizar, ¿tendencia mundial?    ■ Petróleo en manos del Estado   ■ Peña, Chepina, Quadri: iguales

Cinco inquilinos de Los Pinos al hilo no quitaron el dedo del reglón, y en la perspectiva político-electoral tres de los cuatro candidatos al hueso mayor se han pronunciado en el mismo sentido: lo “moderno”, lo “actual”, lo de “avanzada”, lo “chic”, es privatizar el sector petrolero nacional, despojar al país de esa renta (de la que, por cierto, vivió, y muy bien, esa quinteta). Los primeros avanzaron en su intento, aunque no todo lo que querían; los segundos ofrecen redondear la tarea, llegar hasta el fondo, abrir hasta el último resquicio para que por la puerta grande ingrese, orondo y voraz, el gran capital, como en tantas otras áreas de la economía mexicana.

Tras la decisión argentina de nacionalizar –paradójicamente– su petróleo y, con ello, salvaguardar el interés nacional, el furibundo Felipe Calderón reaccionó como si le hubieran quitado algo propio, y soltó un rosario: fue, dijo, una medida “irresponsable y muy poco racional”; ningún empresario “en sus cinco sentidos pensará en invertir en un país que expropia las inversiones”; es una decisión “que no va a hacer bien a nadie”; “no es un acto racional”; “el camino no es ni el proteccionismo ni las expropiaciones”; que Cristina Fernández de Kirchner “rectifique” esa “lamentable” medida. Lo “moderno”, pues, es entregar los recursos naturales a intereses extranacionales.

Los tres candidatos que se han comprometido a no gobernar con “más de lo mismo” dicen al respetable que, de llegar a la primera silla de la nación, ofrecerán exactamente eso, más de lo mismo: A) “realizaré una reforma energética que dé apertura al sector privado en las áreas de exploración y refinación en la industria petrolera” (Enrique Peña Nieto); B) “reglas más amigables” para que el capital privado invierta en petróleo; no creo en el camino de las expropiaciones” (Chepina); y C) “convertir a Pemex en una empresa de sociedad anónima, pues así colocaría acciones en la BMV; estoy contra dogmas, catecismos y fetiches del pasado que comprometen seriamente el desarrollo de México” (Quadri).

Entonces, según todos ellos, la “tendencia mundial” es ceder el petróleo al voraz capital financiero-especulativo. ¿Será? Pues bien, encontramos luz en el propio proyecto de ley que la presidenta Fernández de Kirchner envió al Congreso de su país para nacionalizar YPF, y lo que en este sentido destaca es que, en realidad, la norma internacional es el control del Estado sobre los hidrocarburos, comenzando por la empresa Petrobras, tan presumida y cacareada por la derecha privatizadora como “ejemplo” de “modernidad”.

Lo “actual”, pues, no es lo que proponen los “modernos” políticos mexicanos, sino todo lo contrario: Arabia Saudita, el mayor productor petrolero mundial, cuenta con la empresa Saudi Aramco, cuya propiedad, al 100 por ciento, corresponde al Estado. El consorcio ruso Gazprom, el mayor productor de gas natural en el planeta, pertenece al Estado ruso (51 por ciento), quien decide cómo, cuándo y a quién, y no la inversión privada minoritaria. Del mismo origen, la empresa Rosneft (75 por ciento) es la segunda productora internacional.

Entre otras, propiedad del Estado (100 por ciento) son las petroleras CNPC (China), NIOC (Irán), PDVSA (Venezuela), Pemex (México), Adnoc (Emiratos Arabes Unidos), KPC (Kuwait), Sonatrach (Argelia), Kazmunaigas (Kazajistán), QP (Qatar), Pertamina (Indonesia), Socar (Azerbaiyán), Petronas (Malasia), EGPC (Egipto), Petroecuador (Ecuador), SPC (Siria), YPFB (Bolivia), ANCAP (Uruguay), NNPC (Nigeria), y ENAP (Chile, el sempiterno ejemplo para presumir los “éxitos” privatizadores neoliberales).

Otras petroleras, que permiten participación privada, también tienen propiedad y control mayoritario del Estado: Sinopec y CNOOC (China), con 75 y 67 por ciento, respectivamente; Petrobras (Brasil), 51 por ciento; Statoil Hydro (Noruega), 63 por ciento; PNGC (India), 74 por ciento; PDO (Omán), 60 por ciento; y Ecopetrol (Colombia), 90 por ciento. Entre las pocas que aparecen con participación estatal minoritaria están OMV de Austria (32 por ciento del Estado); Inpex de Japón (29 por ciento) y Eni de Italia (30 por ciento). Como se constata, en materia petrolera lo “chic” no es, ni lejanamente, ceder el control y el usufructo de la riqueza petrolera a trasnacionales del ramo, por mucho que éstas intenten meter la mano en todas partes. México conoce muy bien de qué se trata la intervención de los vampiros petroleros, y el enorme costo (político, económico y social) de mantenerlos en casa. Argentina también lo vivió y lo entendió, y por ello su gobierno actuó en consecuencia.

Como lo apunta el citado proyecto de ley, “la experiencia internacional no hace más que confirmar que la posibilidad de garantizar el autoabastecimiento en materia de combustibles contribuye de manera crucial a determinar el tipo de modelo económico y de crecimiento que puede desenvolverse en cada país. Así, durante la vigencia del denominado Consenso de Washington, la política en materia de hidrocarburos que el neoliberalismo implementó en Argentina buscó maximizar la extracción de este recurso natural con vistas a colocarlo en el mercado mundial, conduciendo al desabastecimiento interno, el cual es impulsado por el incentivo que constituye para el sector privado la completa apropiación del excedente económico generado por un recurso natural no renovable”.

Así, la precisa intervención del Estado en la definición de la política de producción y precios de los combustibles “es crucial en un mundo que ha estado crecientemente afectado por la participación de capitales financieros especulativos en los mercados de materias primas en general, y del petróleo en particular, impactando así en los costos de producción a escala mundial… Hay tres elementos a tener en cuenta y que aconsejan la injerencia directa del Estado en la política de precios y cantidades: su impacto sobre la competitividad de la economía, el efecto de su precio sobre el poder adquisitivo de los salarios y la apropiación de los excedentes derivados de la explotación de los hidrocarburos”.

Las rebanadas del pastel

Entonces, lo “moderno” es que los grandes recursos petroleros y su producción estén en manos estatales, y no como coto de caza del capital trasnacional, como Repsol comprenderá. Que Calderón y comparsas repitan como pericos que lo mejor para México es privatizar sus hidrocarburos no es más que el canto de una suerte de Menem michoacano al que no le fue suficiente destrozar el tejido social del país, sino que intentó lo mismo con el último jirón de soberanía económica.

Las inversiones españolas, “un riesgo” para América Latina, advierte el FMI

ROBERTO GONZÁLEZ AMADOR / La Jornada / 18 de Abril de 2012

■ El sistema financiero, “vía por la que se contagia la crisis europea”

Washington, 17 de abril. La inversión española se convirtió en uno de los principales “efectos de contagio” de la crisis internacional en Latinoamérica. Un día después de que el gobierno argentino anunció la expropiación de la filial de Repsol, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sostuvo este martes que la presencia de bancos europeos en la región –los principales son ibéricos– es un canal directo de transmisión de los problemas financieros y fiscales de Europa, una zona que volvió a caer en recesión.

El FMI criticó la decisión del gobierno argentino de asumir el control de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), filial de Repsol. Sin dejar de cuestionar esa decisión en particular, el organismo expuso que por ahora la inversión de firmas financieras españolas en Latinoamérica es un factor de riesgo para la región, aun cuando lo califica de “limitado”.

Países como México y las naciones centroamericanas y caribeñas se comenzaron a beneficiar de un repunte en el crecimiento de Estados Unidos. Mientras, en Sudamérica se mantienen las exportaciones a Asia, su principal fuente de demanda externa, según la actualización del Panorama de la economía mundial, presentado hoy por Olivier Blanchard, director del Departamento de Investigación Económica del organismo multilateral, que esta semana realiza, junto con el Banco Mundial, su asamblea de primavera.

La nacionalización de YPF, anunciada el lunes pasado por la presidenta argentina, Cristina Fernández, fue comentada por el FMI en los términos de la ortodoxia que domina a este organismo. “No es útil para la inversión y el crecimiento de largo plazo”, aseguró respecto de la medida Thomas Hebling, jefe de la división de investigación económica del fondo.

En general “las intervenciones públicas discrecionales empeoran el clima de inversiones”, dijo. “Ha habido cierto cambio en el clima de inversiones de Argentina en los años recientes y esto ya se ha incorporado en los pronósticos” de crecimiento del país, expuso Hebling. La economía de Argentina creció 8.9 por ciento en 2011, y el FMI espera que este año desacelere a 4.2 por ciento.

La economía de Latinoamérica y el Caribe crecerá este año 3.7 por ciento, tres décimas de punto menos que el pronóstico de hace seis meses, de acuerdo con el pronóstico presentado hoy por el FMI en el Panorama de la economía mundial (WEO, por sus siglas en inglés). Los factores externos jugaron en favor del crecimiento en 2011 –que fue de 4.5 por ciento–, pero ese viento puede cambiar de dirección este año.

El alto nivel de los precios de las materias primas apoyó la actividad en muchos de los países de la región que las exportan, a pesar de una desaceleración del crecimiento mundial y los flujos de capitales, mencionó el reporte.

Los efectos de contagio que llegan a la región a través de los canales comerciales, financieros y bancarios se sintieron en los meses recientes, pero con una incidencia limitada en la actividad, estableció el FMI. Los “efectos de contagio” por la vía del comercio tienen que ver con la exportación de materias primas desde la región y, por tanto, están vinculados al crecimiento de Asia, argumentó.

En cambio, para la región latinoamericana el sistema financiero es una vía por la que llega la crisis europea. Ya sea, como señaló el organismo, por la reducción en los flujos de capital, que ha ocurrido, o por la presencia de firmas financieras, sobre todo españolas, en la región.

“Los efectos de contagio provenientes de Europa se transmiten de manera más directa a través de la exposición de la región a las operaciones de los bancos europeos. Estos bancos, y en particular los españoles, tienen una presencia importante en la región, respecto del total del sistema”, expuso.

La inversión española en el sistema bancario latinoamericano equivale a 10 por ciento del producto interno bruto de la región.

El FMI consideró que Europa ha caído nuevamente en recesión, como consecuencia del aumento de la deuda pública, de una pérdida de confianza de los inversionistas en los instrumentos de algunos de los países de ese continente y el efecto en el crecimiento económico y la generación de empleo de la disminución de los préstamos bancarios y la reducción de los déficit fiscales.

La globalización por Detroit

Claudio Lomnitz.  18 de Abril de 2012

Perdonen el albur, pero no encuentro mejor fórmula.

Se trata de pensar dos cosas: primero, las ventajas sociales y económicas que pueda tener “venir desde atrás” (otra vez, perdón) y, segundo, las ventajas de pensar la globalización desde lo decadente (Detroit), en lugar de pensarla siempre desde lo emergente (China, por ejemplo).

Paso a bosquejar la idea.

Hoy en día resulta un poco absurdo ser “globalofóbico” o “globalofílico” así, sin más. La globalización está y punto. Es un hecho, basado en una revolución tecnológica, y da lo mismo si uno la ama o la odia. Lo que sí importa es el trabajo colectivo que se haga para canalizar ese proceso de transformación, para aprovechar sus posibilidades e impedir sus efectos más devastadores. De modo que hay mucho que hacer y que inventar, y justamente para todo eso me parece que sirve bien la fórmula de: “La globalización por Detroit”.

Apartemos de nosotros toda imagen económica que provenga de las películas de Bruce Lee: no busquemos ser ni tigres ni dragones. Descartemos también la pesada imagen de la tabiquería: olvidémonos de una vez los “brics”. Pensemos la cosa como axolotes (o sea, más mexicanamente, como alegó hace años Roger Bartra), que así las cosas irán mejor, y serán más interesantes.

Empecemos por lo más básico. La globalización va de la mano de un movimiento veloz de capitales, que ahora ‘fluyen’ de una parte a otra (no se habla sino de liquidez), generando booms y “economías emergentes”, pero dejando también estelas de la ruina más amarga –la ruina de Detroit, por ejemplo, que por casi un siglo fue la capital del automóvil y es hoy casi un enorme baldío. O la ruina de la zona industrial en torno de Osaka, que apenas ayer fue tigre; para no hablar ya de los esqueletos industriales de Inglaterra, Polonia o Rusia. Hoy son también ruinas las ciudades quebradas por burbujas inmobiliarias, los fantasmales aeropuertos en La Mancha, o las ciudades en bancarrota del interior de California. Ruina se llama, también, lo que llevó a 50 por ciento de incremento en la tasa de suicidios de italianos por causas económicas, en los últimos cinco años. Convengamos en llamar “Detroit” a todo aquel paisaje de desastre.

Importa pensar en ese “Detroit” de la imaginación, y no sólo en la envidiada China, o en Brasil, porque el día llegará en que los capitales se vayan, también, de aquellos lugares. China le “comió el mandado” a México porque tenía una población 10 veces mayor, muchísimo más pobre, y un gobierno autoritario capaz de controlarla. Ahora, con tanto progreso, sube el valor de su mano de obra, y el capital comienza a interesarse por Vietnam e India. Los propios capitales chinos están generando condiciones de explotación autoritaria en África, por ejemplo.

Por otra parte, a medida que se van industrializando los países, caen sus tasas de crecimiento demográfico, debido a la transformación de la condición laboral y social de sus mujeres. Esto sucedió ya en América Latina y en China. De modo que, aunque el movimiento de capitales sea sensible a condiciones demográficas, las inversiones productivas también, de paso, las transforman. Por eso parece probable que en las próximas décadas vaya a fluir capital también a África, que tiene las tasas de crecimiento poblacional más altas del mundo (la pequeña Nigeria es ya el sexto país más poblado del mundo), pero a mediano plazo, por ese mismo movimiento, la población mundial se irá estabilizando.

Bien. Pasemos al axolote mexicano. México es un país bastante industrializado, que pasó ya su transición demográfica, y se encuentra en buena posición para crecer, sobre todo en la medida que Estados Unidos se vaya reponiendo un poquito de la crisis actual, y que China comience a estancarse (que parece que no tarda). Pero para que ese crecimiento mexicano que viene no vuelva a generar el drama espantoso de los Detroits del mundo, hay que pensar y actuar de otro modo, y le tocará al próximo presidente de México presidir sobre ese reto.

Los principios claves que habrá que buscar para desarrollar una ajolotesca estrategia de “globalización por Detroit” son, en orden: 1) sustentabilidad ambiental (agua, seguridad alimentaria, responsabilidad ecológica); 2) ampliación de los derechos económicos de la ciudadanía –acceso universal a la salud, alimentación básica y educación–; 3) transformación de la política educativa y científica, cosa que implica no sólo un aumento de gasto público y privado, sino un verdadero cambio en la estrategia educativa (caiga quien caiga), y 4) aprovechamiento de la crisis europea para la contratación de personal altamente calificado para escuelas, universidades e industrias –México ha perdido personal a pasto en las últimas décadas, ahora puede al menos recuperarse un poco–. Esa sería, a grandes trazos, la estrategia de la “globalización por Detroit”.

Y, ahora, para compensar lo pesadamente ambicioso de mi columna de hoy, dejo a mis lectores con un verso ligero, que compuse con hechos de la semana:

Se fue el rey para Botsuana
(¡bwanah!)

A la caza de elefantes

(¡diantres!)

Olvidó que en casa claman

(¡drama!)

en sus paros indignantes

(¡galantes!).

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