Frente Auténtico del Trabajo, Mty.

Página del CETLAC-FAT en Monterrey, NL.

ARGENTINA recupera su empresa petrolera

Posted by CETLAC-FAT-Monterrey en abril 17, 2012

De www.pagina12.com.ar

De la fantasía a los hechos

Por Martín Granovsky

Hace varios años que la reestatización del petróleo figuraba en la fantasía del Gobierno y de varios de sus miembros, la Presidenta incluida. Y un secretario de Estado con acceso privilegiado a Cristina Fernández de Kirchner y antes a Néstor Kirchner, a quien llamaba “el más díscolo de todos nosotros”, a veces hasta se animaba a deslizar esa fantasía como un plan a cumplir.

Es que la sigla YPF reaparecía con frecuencia en boca de vecinos o amigos. En abril de 2006, el ministro Julio De Vido y una reducida comitiva viajaron a La Paz para negociar el precio del gas boliviano y un gasoducto para el Noreste argentino. En ese momento ocupaba el Ministerio de Hidrocarburos Andrés Soliz Rada, un viejo nacionalista de izquierda a quien un entonces y actual funcionario argentino había guarecido en su casa durante la dictadura. En su mensaje de bienvenida, lo primero que hizo Soliz Rada fue recordar que Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia, YPFB, se había fundado en 1936 siguiendo la idea argentina de YPF. Pero aquella YPF comenzada por Hipólito Yrigoyen e impulsada por Marcelo Torcuato de Alvear, junto con un ingeniero militar a cargo de la empresa estatal, Enrique Mosconi, ya no existía en 2006. Había sido privatizada, atomizada y provincializada durante el gobierno de Carlos Menem, entre 1990 y 1992. Y en enero de 1999 la sociedad anónima ya había quedado bajo el control mayoritario de la española Repsol.

En Brasil, el Consejo Nacional de Petróleo había sido fundado en 1939, bajo Getúlio Vargas, con YPF como una de las referencias. Era una instancia de regulación. YPF terminó de ser el modelo inicial de Petrobras, fundada en 1953 durante otro mandato de Vargas.

En 1939, el presidente Lázaro Cárdenas creó Petróleos Mexicanos. Cárdenas también había tratado con Mosconi, que según el investigador y diplomático Carlos Piñeiro Iñíguez fue quien presentó a otro oficial, Juan Perón, ante el presidente de México.

Cada país ensayó, en los años ’30 y después, distintas experiencias con el petróleo. Hubo etapas más estatistas y etapas más flexibles frente al capital privado, como la que protagonizó el propio Getúlio Vargas mientras negociaba inversiones siderúrgicas de los Estados Unidos en Brasil.

Pero el único país que rompió el molde del todo fue la Argentina, a comienzos del primer gobierno de Carlos Menem y a fines del segundo. Lo hizo, inclusive, yendo más allá de otras gestiones neoliberales, como las de los brasileños Fernando Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso o el mexicano Carlos Salinas de Gortari. Hasta superó a la dictadura de Augusto Pinochet, que reprivatizó solo parcialmente el cobre nacionalizado por el gobierno (1970-73) del socialista Salvador Allende.

Tal vez por eso ayer la iniciativa de Cristina Fernández de Kirchner de reestatizar YPF fue recibida con alaridos en España pero, en cambio, mereció un tono informativo y neutro, por ejemplo, en dos webs ligadas al mundo de los negocios de Brasil, propiedad una del diario Estado de Sao Paulo y la otra de Valor económico.

En la mayoría de Sudamérica, con excepción de Chile, hoy no pesan las opiniones que cuestionan el papel del Estado y menos las críticas que apuntan como negativo el manejo de los hidrocarburos como responsabilidad de los gobiernos.

En realidad tampoco deberían pesar, honestamente, en Europa occidental. En octubre de 2008, un mes después de la caída de Lehman Brothers, el ministro del Tesoro de Gran Bretaña Alistair Darling anunció que el Estado compraría hasta 60 mil millones de dólares en acciones de cuatro bancos británicos. Es decir, una nacionalización parcial. ¿O sí pesan las opiniones más rígidas en una Europa del sur menos flexible y por lo tanto más débil estos días frente al huracán de la crisis mundial? Las decisiones sobre Repsol, como sobre Aerolíneas u otras compañías, fueron compartidas entre la derecha del Partido Popular y la socialdemocracia del PSOE en períodos históricos distintos. Por eso la solidaridad con Mariano Rajoy, ayer, del candidato socialista vencido en las últimas elecciones, Adolfo Pérez Rubalcaba. Una solidaridad que quizás tenga una dosis de dogmatismo compartido frente a la ortodoxia de mercado, que ya destruyó Grecia y va por más.

El anuncio de Cristina abre una discusión interesante y sin límites, incluso sobre si Santa Cruz no pudo, no supo o no quiso oponerse en su momento a la atomización de Menem o sobre las debilidades de la política petrolera desde el 2003 hasta aquí.

Pero más allá del debate histórico sobre realidades frescas o más lejanas, que no parece preocupar el Gobierno, el envío del proyecto de ley y la intervención de Repsol son hechos. Y los hechos en política, y más en política petrolera, provocan realineamientos, abren la etapa de las disputas concretas, generan peleas descarnadas y ponen la agenda en el futuro. Ayer Rajoy estaba furioso y Pino Solanas contento.

Dirección correcta

Por Ricardo Aronskind *

En los ’90 se nos dijo que la globalización era el retroceso del Estado frente al mercado, la desaparición de las fronteras nacionales y la internacionalización benéfica de las empresas. Era mentira. La globalización fue el avance de las multinacionales productivas y financieras del centro sobre los mercados periféricos, el debilitamiento de los Estados (periféricos) frente a las corporaciones (sobre todo extranjeras) y la integración pasiva a una economía mundial comandada desde los países centrales. Así, el poco dinámico capitalismo español encontró una oportunidad de extender sus poco eficientes empresas fuera de sus dominios, a costa de los países latinoamericanos asolados por el neoliberalismo.

Teóricamente, puede haber puntos de convergencia entre los negocios de las multinacionales y las necesidades nacionales de un país periférico. Para eso se requieren dos condiciones: que la especialidad de las multinacionales no sea la depredación de las economías “huéspedes” y que los países receptores sepan muy bien cuáles son sus metas y estén en capacidad de establecer condiciones que les resulten favorables.

En el caso de Aerolíneas y Repsol, no existieron ninguna de las dos condiciones apuntadas.

YPF-Repsol se transformó, por decisión propia, en una traba al desarrollo nacional. La actitud extractiva, sin inversión y con remisión absoluta de utilidades al exterior dejó de tener coincidencia alguna con lo que el país necesita en materia de progreso.

Si Argentina no reaccionaba, se confirmaba la maldición de la globalización: los Estados periféricos valen menos que las multinacionales, y lo único que existe son los intereses del centro.

La decisión adoptada ayer implica un desafío enorme en dos planos. Hacia el exterior, la construcción de una relación soberana e inteligente con el capital multinacional que no puede estar basada nunca en la renuncia a una perspectiva nacional en las negociaciones. Esta relación fue siempre conflictiva en nuestra historia, dadas las debilidades del Estado nacional y la falta de orientación estratégica de muchos gobiernos.

Hacia el interior, el desafío es volver a demostrar la posibilidad de un Estado eficiente, capaz de gestionar bien y ofrecer resultados positivos a la sociedad. Nadie crea que esto es más sencillo que negociar bien con el resto del mundo. Muchos años de anomia han creado una moral pública bastante endeble y se requiere un esfuerzo extraordinario para poner en pie una empresa de grandes dimensiones que nos enorgullezca. Los recursos potenciales argentinos son enormes, teniendo en cuenta el petróleo convencional y el no convencional. Pero los intereses que están involucrados son poderosos y agresivos. Las placas tectónicas del poder mundial se están moviendo, y la Argentina ha dado un paso en la dirección correcta.

* Docente UBA-Plan Fénix

Historia de la petrolera y cronología del conflicto

■ La empresa era estatal  ■ En 1992 se inició su privatización

AFP.  17 de Abril de 2012

Buenos Aires, 16 de abril. La historia hidrocarburífera de Argentina tiene como puntal a Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), empresa fundada en 1922 y privatizada en 1992, que la presidenta Cristina Kirchner busca recuperar con un proyecto de ley para controlar 51 por ciento de las acciones.

– 1907: Se descubre el primer pozo

– 1922: Se crea la empresa estatal y se nombra director de YPF a Enrique Mosconi, militar e ingeniero, pionero en la exploración y producción de crudo e ideólogo de la creación de la compañía, que permaneció ocho años en el cargo.

– 1925: Crece la firma al construirse la refinería de La Plata, 60 kilómetros al sur, y así llega a ser una de las más grandes del mundo en términos de capacidad.

– 1947: El presidente Juan Perón aplica una política desarrollista y nacionalista en la firma. Entre 1940 y 1970 la producción se multiplica siete veces y la de gas 14 veces.

– 1955: Pese a su postura, Perón firma un contrato con la empresa Standard Oil de California para explorar petróleo, pero luego de su derrocamiento el contrato no se cumple.

– 1958: El presidente Arturo Frondizi, quien apoyaba el monopolio estatal, emprende un programa de inversiones privadas para extraer crudo y lograr autoabastecimiento.

– 1963: El presidente Arturo Illia anula los contratos petroleros por considerarlos lesivos.

– 1976: La última dictadura deja sumida a la empresa en una crisis financiera.

– 1992: El presidente Carlos Menem inicia el proceso de privatización con una ley. El plan se completa en 1999, cuando Repsol pasa a controlar la totalidad de la compañía tras una operación de compra por un valor de unos 15 mil millones de dólares.

– 2000: Repsol-YPF emplea a 5 mil 500 personas y posee 46 por ciento del mercado de combustibles.

– 2007: El grupo argentino Petersen, encabezado por Enrique Eskenazi, compra 14.9 por ciento del paquete accionario por iniciativa del presidente Néstor Kirchner.

– 2011: El grupo Petersen aumenta su participación accionaria en la compañía en 10 por ciento y pasa a poseer 25.4 por ciento de YPF.

– Enero de 2012: El gobierno denuncia a Repsol-YPF y otras cuatro petroleras por posición dominante. Kirchner reclama a las petroleras reinvertir ganancias en el país para aumentar producción y bajar importaciones.

– 6 febrero: El presidente de Repsol, Antoni Brufau, defiende el monto de las inversiones, de 3 mil millones de dólares.

– 23 febrero: Funcionarios del gobierno intentan participar en una reunión de directorio, pero no se les permite. Brufau denuncia que la compañía es “objeto de algunas críticas injustas” que incluyen “amenazas de sanciones o restricciones con dudoso fundamento legal”.

– 14 marzo: La provincia de Chubut quita la concesión de áreas de explotación a la compañía con el argumento de falta de inversión. Comienza aquí un rosario de pérdidas que llegan a un total de 16 áreas en seis provincias.

– 23 marzo: La agencia de calificación crediticia Fitch rebaja un escalón, a BBB, la nota a largo plazo de la petrolera, en medio del conflicto con el gobierno argentino.

– 12 abril: El ministro de Industria español, José Manuel Soria, advierte que la “hostilidad contra intereses” de empresas españolas es interpretada como “hostilidad a España” y dice que conlleva “consecuencias”.

– 16 de abril: La presidenta Cristina Kirchner anuncia el envío al Congreso de un proyecto de ley para expropiar 51 por ciento de acciones de la compañía y pasar a controlarla para recuperar el autoabastecimiento de combustibles.

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