Frente Auténtico del Trabajo, Mty.

Página del CETLAC-FAT en Monterrey, NL.

MUERTE Y LA HISTORIA NEGRA DE UN TORTURADOR Y CRIMINAL IMPUNE: MIGUEL NAZAR HARO

Posted by CETLAC-FAT-Monterrey en enero 30, 2012

Raúl Monge /PROCESO

27 de Enero de 2012 (Apro).- Víctima de un coma depresivo, la noche de ayer falleció a los 87 años de edad, el exdirector de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), una de las corporaciones más temibles en la historia policiaca del país, Miguel Nazar Haro.

De acuerdo con amigos y familiares del hombre que combatió las guerrillas urbana y rural en la década de los setenta y principios de los ochenta y a quien se responsabiliza de la desaparición de Jesús Ibarra Piedra, hijo de la actual senadora del PT y dirigente del grupo Eureka, Rosario Ibarra de Piedra, la pérdida de su esposa acentuó sus enfermedades y finalmente ayer, a las nueve de la noche, murió, en compañía de sus hijos.

(ALGUNAS DE SUS VICTIMAS: http://www.janambre.com.mx/?p=1314 )

En junio de 2005, Nazar Haro la desaparecida Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado –creada en el gobierno de Vicente Fox–, lo incriminó en la desaparición de seis integrantes de la Brigada Campesina de Los Lacandones, registrada el 18 de noviembre de 1974.

No obstante, un año más tarde, en septiembre de 2006, un juzgado federal lo absolvió. El Juzgado Cuarto de Distrito en materia penal, con sede en Nuevo León, consideró que el Ministerio Público federal no logró acreditar la existencia del cuerpo del delito ni la probable responsabilidad.

En febrero de 2004 fue detenido e internado en el penal del Topo Chico en Nuevo León. Sin embargo, debido a que la ley le permite a las personas mayores a 70 años el beneficio de la prisión domiciliaria, fue trasladado a la Ciudad de México.

A continuación se reproduce íntegramente un reportaje publicado por el semanario Procesoen febrero de 2004 (número 1425) sobre las andanzas del quien llegó a convertirse en el más temido policía político del país:

Lo último que vieron algunas de sus víctimas fueron sus ojos verde acuoso. Su mirada helada. Para muchos compañeros de sus épocas de represión, Miguel Nazar Haro fue policía ejemplar, investigador sin par. Para quienes se confrontaron con el sistema, el hombre que por el momento está en la prisión de Topochico ha sido la crueldad sin nombre, la que no tiene límites para torturar y matar. En todo caso, es simplemente el estilo Nazar.

Su “gusto por la investigación” surgió de las series policiacas que solía ver en la televisión, particularmente las estadunidenses Mike HammerLa cuerda floja.

Era la década de los sesenta cuando, a los 26 años de edad, Miguel Nazar Haro eligió su futura ocupación. Se incorporó al antiguo Servicio Secreto de la policía capitalina, y muy pronto, “debido a su eficiencia”, fue comisionado como escolta de los padres del entonces candidato electo a la Presidencia, Gustavo Díaz Ordaz.

Ese vínculo con el poder político sería su trampolín en la carrera elegida: Por recomendación de los padres de Díaz Ordaz, Nazar Haro ingresó más tarde a la temible Dirección Federal de Seguridad (DFS), donde permaneció hasta su extinción, en el sexenio de la llamada Renovación Moral de Miguel de la Madrid.

Durante su estancia en la corporación, tomó cursos en Panamá y Estados Unidos, se especializó en contrainsurgencia y escaló todas las posiciones de la DFS, hasta convertirse en su penúltimo director, en el período 1978-1982.

Del paso de Nazar Haro por la DFS, Proceso reproduce a continuación algunos documentos públicos sobre la forma como se convirtió en una de las piezas clave del aparato represivo del Estado en los años setenta y principios de los ochenta.

En 1972, cuando ya era subdirector de la DFS, Nazar Haro recibió instrucciones de su jefe, Luis de la Barreda Moreno, de trasladarse a Jalisco y coordinarse con las autoridades municipales, estatales y militares para poner fin a la ola de asaltos bancarios que se había desatado en la entidad.

Según consta en el reporte que De la Barreda hizo llegar al entonces secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, Nazar planteó -durante su reunión con el gobernador Alberto Orozco Romero; el procurador general de Justicia del estado, Alberto Rosas Benítez; el jefe de la policía municipal, coronel Jesús Ahumada Mercado, y el teniente coronel Francisco Quirós Hermosillo, entre otros funcionarios- la necesidad de trabajar de manera coordinada, sin celos y sin envidias, porque de otra forma, advirtió, sería imposible proporcionar seguridad a los bancos.

Nazar recomendó, así mismo, delimitar zonas, seleccionar al personal más capacitado y coordinarse con el Departamento de Tránsito para que éste activara una luz roja en cada asalto bancario con el fin de hacer más difícil la huida de los delincuentes. Además, sugirió sobrevolar las zonas más críticas, sobre todo en horas hábiles.

Confiado en la eficacia del subdirector de la DFS, el gobernador Orozco Romero ordenó a los jefes de las dependencias policiacas poner en práctica todas las recomendaciones formuladas por el experto en el combate a la guerrilla.

El negociador
Aparte de asesorar y reorganizar corporaciones policiales en distintos puntos del país, esta pieza relevante de la guerra sucia cumplía, así mismo, funciones negociadoras con grupos guerrilleros.

Como ocurrió, por ejemplo, el 22 de mayo de 1973, cuando varios guerrilleros secuestraron un avión en el aeropuerto de la Ciudad de México, donde viajaban “maestros, estudiantes, ingenieros, amas de casa y empleados de origen venezolano”.

Por instrucciones del entonces secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, Nazar Haro se concentró en la negociación con los aerosecuestradores que, dijo, “pretendían cometer un acto terrorista en territorio nacional”.

Escrito por el propio Nazar Haro, el parte informativo precisa que después de que el gobierno venezolano se negó a ceder a las pretensiones de los “terroristas”, él logró persuadir a éstos para que se refugiaran en Cuba.

“Luego de un intenso diálogo con el suscrito -prosigue el relato de Nazar- y haciendo uso de las mismas terminologías revolucionarias para la fácil comprensión mental, ideológicamente hablando, aceptaron viajar con destino a la República de Cuba, aunque tenían temor de ser interceptados por una nave de la Fuerza Aérea Venezolana.”

Conforme a su versión, para persuadirlos tuvo que decirles que él viajaría con ellos hasta La Habana. “Lo hice con el único propósito de evitar una desgracia y para que no se ‘mancillara nuestra soberanía’”.

Y añade que, “ya convencidos con la propuesta y con la confianza de los pasajeros, todos de nacionalidad venezolana, se emprendió el viaje, realizando el suscrito una labor psicológica para el dominio mental de los secuestradores y evitar el peligro de que en un momento de desesperación los terroristas pudieran causar una tragedia en la que perdiera la vida gente inocente”.

En su escrito, Nazar hace un perfil de los cuatro aerosecuestradores, entre los cuales se encontraba una mujer de aproximadamente 20 años de edad.

“El jefe de grupo de esta organización, que dijo llamarse Punto Cero, era un individuo de 23 años de edad, aproximadamente, quien se sentía orgulloso de haber estado procesado y haber logrado el indulto del presidente de su país.”

Según el entonces subdirector de la DFS, el “terrorista” planeó el secuestro del avión no tanto por cuestiones ideológicas, sino por “la vanidad que lo consumía al saber que todo mundo estaría al tanto de su faena”.

Continúa: “El control mental a esta persona era fácil, pues sólo había que alabarlo. Su fisonomía no era ciento por ciento latina, parecía francés o italiano; su estatura era de 1.67 metros, delgado, y de inteligencia regular, puesto que sobre sus decisiones se imponían las de sus compañeros y, dado su complejo, no se atrevía a refutarlas. Más bien, buscaba que el suscrito lo apoyara en sus razonamientos”.
Después de hacer la descripción física y psicológica de los otros tres aerosecuestradores, Nazar destaca que para doblar la voluntad de los “terroristas” asumió diferentes personalidades: amistosas, de mando, de conocimientos revolucionarios, de experiencias tácticas, de abanderado libertador, de bromista y de sentimental.

“Los pasajeros asumieron una actitud de confianza a México y a sus gobernantes, y viajaron con suma tranquilidad al imaginarse en todo tiempo que los guerrilleros ya no serían capaces de cometer un acto terrorista yendo a bordo de la nave un ciudadano mexicano, cuya presencia había sido garantizarles su arribo a la República de Cuba, sin atentados exteriores de parte de las fuerzas del orden. Y uno a uno de ellos agradecían la actitud asumida por el gobierno de México al exponer la vida de un ciudadano para garantizar su seguridad.”

En la parte final de esa historia, Nazar refiere la buena recepción que los secuestradores tuvieron por parte de las autoridades cubanas y los encuentros que él sostuvo con diplomáticos mexicanos acreditados en Cuba, donde, afirma, observó carencias y tristeza del pueblo.

El torturador

Otro de los documentos de la DFS en poder de Proceso recrea una nueva cara de Nazar.

Fechado el 22 de enero de 1975 y firmado por el director de la DFS, capitán De la Barreda Moreno, ese informe daba cuenta de una denuncia penal contra Nazar Haro y Julián Slim Helú -hermano de Carlos Slim Helú- por los presuntos delitos de “privación ilegal de la libertad y los que resulten”.

La querella fue interpuesta por Manuel López Mateos, hermano del expresidente Adolfo López Mateos, quien el 29 de noviembre de 1974 fue detenido por agentes de la Federal de Seguridad por su presunta relación con el grupo subversivo Unión del Pueblo.

De la Barreda aseguraba que en el domicilio de Manuel López Mateos -quien al ser interrogado dijo tener 29 años, ser soltero y haber nacido en el puerto de Veracruz-, se encontró “vasta documentación y propaganda de diversas organizaciones subversivas”.

Según el informe, Manuel declaró que era profesor de matemáticas en la Facultad de Ciencias de la UNAM, “donde siempre se ha ostentado como elemento revolucionario y ha participado en diferentes movimientos de agitación auspiciados por el Comité de Lucha de la Facultad de Ciencias”.

El director de la DFS mencionaba, así mismo, que Manuel López Mateos fungió, en múltiples ocasiones, como intermediario en la difusión de propaganda y literatura subversiva entre el estudiantado, valiéndose del ascendiente que le daba su carácter de maestro universitario.

Y remachaba:

“Al agotarse el interrogatorio, Manuel López Mateos fue puesto en libertad a las 20:00 horas del mismo día de su detención.”

Lo que no incluyó De la Barreda en el parte oficial fue la brutal golpiza que, durante el interrogatorio, presuntamente propinaron Nazar Haro y Slim Helú al hermano del expresidente Adolfo López Mateos, hecho que dio origen a la averiguación previa 8430/SC/74.

En uno de los dos citatorios judiciales que el Ministerio Público remitió a la DFS en enero y febrero de 1975 para que se presentaran a declarar Nazar Haro y Slim Helú, hay una nota en la que se alcanza a leer lo siguiente: “El día de hoy (27 de febrero de 1975) se habló telefónicamente con el director general de Averiguaciones Previas para comunicarle que por orden superior no se va a comparecer en la Mesa 15?.

Para 1978, el creador de la Brigada Blanca había acumulado una serie de denuncias en su contra. Varias autoridades gubernamentales habían sido puestas sobre aviso en torno de los excesos cometidos por Nazar y sus hombres, e inclusive organismos internacionales promotores de los derechos humanos habían entregado al secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, las pruebas de que al menos tres altos funcionarios instigaban y cometían personalmente “actos de violencia, tortura y tratos inhumanos degradantes” contra presos políticos.

Uno de ellos era, desde luego, Nazar Haro, quien llegó a tener mala fama inclusive en círculos militares.

Los conflictos

Por ejemplo, el 5 de junio de 1978, el comandante de la IX Zona Militar de Culiacán, Sinaloa, general Alberto Quintanar López, detuvo al agente de la DFS Miguel Ángel Herrera Armenta cuando éste se hallaba acompañado de una “madrina” de la Policía Judicial Federal.
Según el parte que rindió el comandante de la DFS comisionado en esa plaza, Esteban Guzmán Salgado, el general Quintanar se comunicó con él telefónicamente y le ordenó presentarse de inmediato en su oficina o de lo contrario procedería a detenerlo. Y le notificó que había arrestado a varios elementos de la DFS con drogas, armas y dinero.

Guzmán Salgado contestó al oficial del Ejército que si les había encontrado droga, que procediera a consignarlos ante las autoridades correspondientes porque en la Federal de Seguridad no se toleraban ese tipo de conductas.

Por su parte, el general Quintanar advirtió al comandante de la DFS que si no se presentaba en el cuartel de inmediato, enviaría a un grupo de soldados por él.

A regañadientes, Esteban Guzmán se trasladó al cuartel militar, donde el comandante de la IX Zona Militar le explicó las razones de la detención, le entregó los objetos encontrados al agente Herrera Armenta -incluidos 20 gramos de cocaína-, y le dijo que se lo llevara, que la ropa sucia se lavaba en casa.

En contrapartida, Herrera Armenta hizo un relato de los hechos muy distinto. Dijo que fue detenido con lujo de violencia, que los soldados le vendaron los ojos y le ataron las manos, y que el general Quintanar, en aparente estado de ebriedad, le soltó: “¿Conque quería pelea el puto de Nazar?, pues ya la está teniendo”.

Según el agente de la DFS, el oficial del Ejército, pistola en mano, le preguntó de cuánto eran las cuotas que cobraba la DFS por las casas de juego en Los Mochis, Culiacán y Mazatlán. “Si quiere información, comuníquese con mis superiores”, le habría respondido Herrera.

Posteriormente, el general Quintanar le informó que le había dado 2 millones de pesos a Nazar para que diera de baja o cambiara de plaza a su hijo, Andrés Quintanar Reyna. “Dile al mierda de Nazar que si es tan hombre, que venga y me la va a persignar. Quería llevarse a mi hijo a la Brigada (Blanca), a ese nido de ratas, para matarlo. Pero si algo le pasa a mi hijo, yo voy a saber quién fue y no quedará ningún familiar del que lo haga”.

El agente de la DFS fue enseguida metido en otro cuarto, donde un teniente le aseguró estar al tanto de las cuotas que la DFS cobraba en las casas de juego y de prostitución. “Yo sé todo lo que ustedes están haciendo, hijos de su chingada madre, porque yo también he estado en la Brigada. Ojalá me dé carta abierta el general Quintanar para que te parta la madre y desaparecerte. No serás el único. Les tengo un chingo de ganas a los de la Federal de Seguridad”.

Antes de soltarlo, el general Quintanar volvió a encararlo: “Mira, dile a Nazar que la ropa sucia se lava en casa, que si quiere algo conmigo, que venga”.

No fue sino hasta el año pasado que se libró una orden de aprehensión en contra de Nazar Haro por su presunta responsabilidad en la detención y desaparición de Jesús Piedra Ibarra, ocurrida en 1975. Y el 18 de febrero último fue detenido en el sur de la Ciudad de México y trasladado a Monterrey, donde deberá enfrentar su proceso.

Pero Nazar Haro -hijo de padre libanés y madre veracruzana- esperaba algo más que la cárcel. “Mejor mátenme, comandante, esto es injusto, me desilusiona que yo haya dado mi vida a la nación y a la patria y me hagan esto”, reclamó a los agentes de la Agencia Federal de Investigaciones que lo detuvieron.

NAZAR, EL POLICIA; NAZAR, EL INTOCABLE

Rafael Rodríguez Castañeda/Proceso*

El viernes 24 Miguel Nazar Haro dejó de ser policía y dejó de ser intocable. Otra vez.

Pero no porque lo desearan así quienes lo nombraron y quienes lo defendieron mientras desempeñó el cargo, creado por él, de director de los Servicios de Inteligencia de la Secretaría General de Protección y Vialidad del Distrito Federal.

Del extranjero, de Estados Unidos específicamente, vinieron las razones que esgrimió Nazar Haro para pedir licencia, en un texto que dirigió a su jefe, a su estimado “don Javier”:

“En las últimas semanas… se han comenzado a publicitar, en el extranjero, acusaciones en mi contra con el propósito de desacreditar al gobierno al que he servido con lealtad durante toda mi vida. Es mi mayor deseo, que estas acusaciones no tengan éxito en sus fines, por lo que en mi calidad de leal servidor de las instituciones, le ruego me conceda licencia temporal del cargo que tuvo a bien designarme….”

Nazar Haro fue designado director de los Servicios de Inteligencia el 16 de diciembre, después de un ostracismo que se prolongó desde el 10 de enero de 1982. Pasa ahora a un nuevo retiro, “temporal”, según el término utilizado por el exjefe policiaco.

DOS DIAS ANTES, OPTIMISTA

Apenas dos días antes de su renuncia, Nazar Haro se había mostrado optimista en cuanto a su capacidad para desvirtuar las acusaciones en su contra, que se multiplicaron dentro y fuera del país desde que asumió el cargo para el que fue nombrado por el jefe del Departamento del Distrito Federal, Manuel Camacho.

En una breve entrevista con El Universal, a Nazar le preguntaron:

– ¿Por qué no habla y responde a las acusaciones que se le han hecho?

– Sí lo haré. Será pronto. Nada de eso es cierto, la gente echa lodo por todas partes y ya no es posible guardar silencio.

Recién nombrado, Nazar había contraatacado, a su manera, ante el cúmulo de protestas, denuncias y acusaciones en torno de su nombramiento:

Tengo dos o tres pulgas que me están molestando –dijo el 30 de diciembre– y, por ahora, no puedo hacer nada. “Dénme tiempo y van ustedes a ver cómo me las quito de encima”.

Actuaba el entonces jefe de los Servicios de Inteligencia con el apoyo pleno y explícito del secretario de Protección y Vialidad, Javier García Paniagua, y del propio regente Manuel Camacho, quienes en principio parecían dispuestos a jugársela junto con la suerte de su subordinado.

En su solicitud de licencia, Nazar Haro pecó de cínico o de mentiroso. Al señalar que “en las últimas semanas… se han comenzado a publicitar, en el extranjero, acusaciones en mi contra”, olvidó que informaciones desfavorables a su persona se publican en Estados Unidos por lo menos desde 1981, cuando el FBI lo investigó y lo encontró presunto responsable de participar en una operación de robo y contrabando de automóviles.

En todo caso y más allá del texto de su renuncia y de las especulaciones que en torno de ella puedan hacerse, es el propio expediente negro de Nazar Haro el que lo llevó a dejar nuevamente las funciones policiales en las cuales se le considera un experto, muy a su estilo.

A continuación hacemos una síntesis de la biografía criminal de Nazar Haro. En su momento Proceso publicó información sobre los cargos que se hacían al exjefe policiaco. Hace apenas unas semanas, en los números 634 y 636, transcribimos resúmenes amplios del expediente negro de quien desarrolló la mayor parte de su carrera policiaca bajo los mandos alternativos de Fernando Gutiérrez Barrios y Javier García Paniagua.

ENTRE LA TORTURA Y EL NARCOTRAFICO

– Como comandante, subdirector y director de la Federal de Seguridad fue acusado reiteradamente, ante organismos internacionales de derechos humanos, de utilizar la tortura para obtener confesiones de presuntos implicados en acciones subversivas.

– Creó y dirigió la Brigada Blanca, organismo parapoliciaco integrado por elementos de diversas corporaciones policiacas, incluida la DFS, que actuaba al margen de la ley en el supuesto combate a la subversión, a mediados de los años setenta. A la Brigada Blanca se le atribuyen un gran número de las “desapariciones” políticas ocurridas en aquella época y todavía no aclaradas. Actuaba con apoyo castrense y tenía su sede en el Campo Militar No. 1.

– Era director de la Federal de Seguridad cuando se vio involucrado, en 1981, junto con otros miembros de la DFS y de otras corporaciones policiacas mexicanas, en un contrabando de autos robados en Estados Unidos. El FBI lo acusó formalmente, Nazar se presentó en la Corte de San Diego, fue encarcelado y salió libre mediante el pago de una fianza de 200,000 dólares. Luego huyó a México, en violación del arraigo al que estaba sometido.

La justicia norteamericana lo consideró un prófugo y no podría viajar a Estados Unidos sin ser detenido. Tenía, pues, dos juicios pendientes: por el contrabando y por violar el arraigo.

Entre otros acusados, como beneficiario del contrabando de autos, se enlistó también a quien era su comandante de la DFS, Javier García Morales, hijo del secretario de Protección y Vialidad. Nazar, según el FBI, recibió por lo menos una camioneta Van y un Porsche robados en California; y García Morales un Mercedes Benz y un Ferrari.

Con motivo de este juicio, Nazar Haro fue señalado además, por el fiscal estadunidense William Kennedy como una importante pieza de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en México, en calidad de informante tanto de hechos que ocurrían en el país como de lo que pasaba en torno de los movimientos insurgentes en naciones centroamericanas.

Diseñó y manejó un sistema de espionaje interno que permitió a la DFS y a otras corporaciones policiacas contar con información personal de ciudadanos mexicanos. Este incluyó tanto la interferencia telefónica como el seguimiento, paso a paso, de las actividades de personajes de la administración pública, de los partidos políticos, de los sindicatos, de las universidades, de la prensa y aun de la iniciativa privada.

– Según testimonios presentados ante la Corte de San Diego, Nazar –en sus tiempos al frente de la DFS– facilitó y protegió actividades de narcotraficantes e, inclusive, llegó a participar en los beneficios del comercio de estupefacientes.

Ninguno de estos cargos es de conocimiento reciente. Desde la época de Nazar como jefe de la DFS, las acusaciones en su contra fueron   públicas y muchas de ellas fueron recogidas, como ya se dijo, por organismos como Amnistía Internacional o el Frente Internacional de Juristas. Acusaciones en su contra se presentaron, en su momento, ante la Procuraduría General de la República y ante el Congreso de la Unión. Nada se le hizo.

Sólo fue obligado a renunciar a la DFS cuando se le sometió a juicio en  Estados Unidos y cuando su nombre salió a relucir como informante de la CIA, en los meses finales del gobierno de José López Portillo.

Ninguno de sus antecedentes fue obstáculo, sin embargo, para que el gobierno de Carlos Salinas de Gortari lo resucitara e intentaran reivindicarlo su antiguo jefe y amigo, García Paniagua, y el regente Camacho Solís.

Su expediente era demasiado negro y voluminoso, Nazar no pudo impedir que su propia biografía lo derrumbara.

*Publicado el  27 de febrero de 1989 en el semanario Proceso

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: