Frente Auténtico del Trabajo, Mty.

Página del CETLAC-FAT en Monterrey, NL.

El “buen engaño”

Posted by CETLAC-FAT-Monterrey en noviembre 28, 2011

John M. Ackerman
Los que realmente se aprovecharon del buen fin fueron los bancos, las instituciones de crédito y las grandes tiendas que ahora tendrán un flujo constante de pagos mensuales y podrán cobrar de manera despiadada comisiones y sanciones a sus nuevos clientes cada vez que se les dificulte la entrega de sus cuotas
 
La semana pasada Felipe Calderón convirtió la fiesta cívica de reconocimiento a la gran valentía del pueblo mexicano de 1910 en otro pretexto para enaltecer el militarismo y el consumismo. El 101 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana fue marcado por un ostentoso desfile militar y opacado por el abusivo despliegue mediático del llamado buen fin. Una vez más, los ciudadanos y el interés público fueron relegados a segundo plano.

El buen fin no fue diseñado para mejorar la calidad de vida de todas las familias mexicanas, como señaló de manera engañosa la propaganda, sino para ayudar a los grandes empresarios a deshacerse de sus inventarios y apoyar políticamente a Calderón. Los datos de la Procuraduría Federal del Consumidor (http://bit.ly/sBOkVB) son elocuentes: solamente 60 por ciento de los que acudieron a tiendas en el Distrito Federal se beneficiaron de alguna oferta o promoción y, entre ellos, 30 por ciento manifestó que el buen fin no cumplió con sus expectativas. Es decir, únicamente 40 por ciento de los consumidores estuvieron satisfechos, y la insatisfacción seguramente fue mayor en otras zonas donde el poder de compra es menor que en la capital.

Esta desilusión surge de que gran parte de las promociones no incluyó reducción alguna de precios, sino solamente facilidades de pago hasta de 48 meses, muchas veces con elevadas tasas de interés. Los que realmente se aprovecharon del buen fin fueron los bancos, las instituciones de crédito y las grandes tiendas que ahora tendrán un flujo constante de pagos mensuales y podrán cobrar de manera despiadada comisiones y sanciones a sus nuevos clientes cada vez que se les dificulte la entrega de sus cuotas.

La organización El Poder del Consumidor ha puesto el dedo en la llaga al comentar que “el objetivo central [del buen fin] es aumentar las ventas y reducir los inventarios de las empresas, más que beneficiar a los consumidores”, ya que contribuye a poner en riesgo [su] situación financiera. Una investigación de campo conducida por CNNExpansión también concluyó que “los consumidores consideran que las verdaderas ganadoras [del buen fin] son las tarjetas de crédito y los bancos”.

Se da, entonces, nueva significación al propósito de la Iniciativa México, convocante destacado del fin de semana de compras, de pasar del México del no se puede al México del sí se pudo. Este salto aparentemente se cumplirá con el endeudamiento generalizado de la población. Con estos apoyos, las familias mexicanas finalmente pudieron adquirir nuevos televisores y sentirse más clasemedieros que nunca. Pero en realidad se esclavizan aún más a los poderes oligopólicos que controlan la economía y la política nacional, ya que tendrán que trabajar horas extras en ínfimas condiciones para saldar sus deudas.

El buen fin también tiene una clara intencionalidad política. Un aumento artificial de compras en 2011 generará una burbuja financiera que permita a Calderón anunciar nuevos números de supuesto crecimiento económico a principios de 2012 en plena campaña presidencial. Asimismo, una población endeudada y acosada por los bancos es más tímida y menos dispuesta a apoyar cambios políticos radicales. Esto beneficiará al proyecto político del PAN, que en 2012 hará todo lo posible por asustar a la población con una política de miedo: Más vale malo por conocido que bueno por conocer, será su verdadero lema de campaña.

El 20 de noviembre de 1999 Vicente Fox anunció su propósito de remplazar la celebración del Día de la Revolución por el día del Plan Puebla-Panamá como símbolo de la supuesta modernización del país. Hoy, Calderón va más allá y ni siquiera plantea un nuevo proyecto de supuesto desarrollo económico, que Fox siempre enfocaba desde una lógica depredadora y colonial, sino recurre al puro consumismo y al endeudamiento social como motores de la economía nacional.

Lo que los ciudadanos mexicanos realmente necesitamos no son más ofertas engañosas, sino una verdadera reducción de los precios de los bienes de consumo a partir de una desarticulación del oligopolio empresarial que controla el país. Nuestro país ha recibido una calificación reprobatoria de 3.5 (de un total de siete puntos) en materia de política antimonopolios por parte del Foro Económico Mundial. Esta concentración económica es la causa de que hoy en México pagamos 200 por ciento más que en Estados Unidos por cemento y telefonía fija y 150 por ciento más en tarjetas de crédito, créditos bancarios, teléfono celular y otros productos. También existen serios problemas de competencia y de precios elevados para los productos más básicos, como leche, huevo, tortilla y pan.

Por fortuna, la conciencia crítica perdura a pesar de los múltiples embates desde el poder que quisieran desaparecer el espíritu revolucionario del pueblo Mexicano. En lugar de planear el siguiente buen fin, mejor habría que dirigir la mirada hacia propuestas mucho más efectivas que reducirían directamente los precios y aumentarían los ingresos de la población.

www.johnackerman.blogspot.com

Twitter: @JohnMAckerman

El Buen Fin o el “yo” embaucado

Olimpia Flores Ortiz .  La Crónica de Hoy .  2011-11-27.

“…los consumidores son tratados como cualquier cosa salvo como entes soberanos: son bobos engatusados con promesas fraudulentas, fintas y engaños, seducidos, arrastrados y manipulados por fuerzas flagrantes o subrepticias, pero siempre e invariablemente externas y ajenas.”

Zygmunt Bauman. Vida de Consumo.

Y allá fue todo mundo a arrebatarse las cosas y a hacer interminables colas en el espejismo de adquirir.

El único ganón fue el Presidente de la cruzada del bien a toda costa. Un acto anticipado de campaña electoral.         

La gente adquirió lo que de todos modos iba a adquirir, o se embarcó con meses sin intereses, que a ver si terminarán de pagar. El “Presidente del empleo” que no genera producción, sino descuentos en el consumo, muy orondo con su buena acción, porque todo lo que él hace es por bondad.

En Estados Unidos esta campaña funciona con autonomía de los comerciantes, no auspiciados por el gobierno y funciona para rematar la mercancía de la temporada que concluye, no cuando los aparadores ya exhiben la mercancía navideña en espera de la compra compulsiva que inevitablemente haremos a precio normal. Con respecto de noviembre del año pasado, las ganancias comerciales aumentaron en 37% según la entusiasta valoración del Secretario de Economía. Esperemos a diciembre para tener las cifras totales de la temporada y apreciar en su justa dimensión la rentabilidad del movimiento.

En lugar de incentivar el ahorro, se incentiva el consumo en época de crisis. Una mera acción de propaganda, que a la economía en su conjunto no le aporta significativamente nada y a los consumidores relativamente: ¿de cuando a acá el consumidor se beneficia gastando?

Según estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en 2010, México Evolución Económica durante 2010 y Perspectivas para 2011. “No obstante, el incremento de 746,000 puestos no fue suficiente para atender los 1.2 millones de personas incorporadas a la fuerza laboral, con lo que la proporción de personas subocupadas y empleadas en la economía informal se mantuvo alta (7.6% y 27.2% de la población económicamente activa, respectivamente).”

De acuerdo con datos del INEGI, para el tercer trimestre del presente año en México, había casi 47 millones de personas de 14 años y más que se encuentran dentro de la población ocupada; de éstas, más de 10 millones ganan entre 0 y menos de 60 pesos al día, tope máximo del salario mínimo en el país.

Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), la vulnerabilidad por ingreso aumentó del 4.5% en 2008 al 5.8% en 2010; y los pobres aumentaron de 37.2  a 40.3 millones de personas en México en los mismos años.

De suerte que la farsa en la que nos involucramos con entusiasmo en el mentado “buen fin” queda de manifiesto: las inercias del modelo económico que produce economía informal y subempleo que no empleo y que genera más pobres en lugar de menos, es ridículo que se diga que pueden romperse con la contribución desesperada de todos en nuestro papel de consumidores durante un fin de semana de compra loca.

Ahora que, para vernos en el patético espejo de nuestro consumismo, resulta necesario hacer una reflexión sobre la naturaleza misma del DESEO vuelto apetito por comprar, como un signo de los tiempos. ¿Por qué nos dejamos engatusar de esa manera?

Una forma de clasificarnos es conforme a nuestro poder adquisitivo: qué y cuánto compramos; mostramos así nuestro estatus y a partir de ello es que socializamos con los semejantes que nos corresponden. Competimos para lograr las posiciones que nos permitan adquirir.

En el liberalismo económico que nos tiene fritos con las reglas del libre mercado y la crisis del capital especulativo, también nos vamos con la finta de que la libertad consiste en nuestra mayor o menor libertad para adquirir. Somos libres porque elegimos lo que compramos. No vemos que nos sometemos pasivamente a perseguir la imagen modélica aspiracional que la publicidad nos impone. Esta enajenación de la libertad, nos trae otra, que es la del enajenamiento de nuestra subjetividad: la notoriedad que necesitamos la adquirimos por medio de los objetos que compramos, suponiéndonos a nosotros como sujetos de libre albedrío consintiendo a nuestra subjetividad; así nos compensamos.  

¿Dónde está nuestra subjetividad en la era de la mercadotecnia y las tecnologías de la información? Sometidos al vértigo de la imagen que reduce nuestra disposición a concentrarnos, perdemos precisamente la arena en la que la subjetividad y el intelecto se crean y recrean, no tenemos tiempo.

En el capitalismo no existimos como sujetos. El ciclo comienza y termina con nosotros mismos en calidad de objeto, mercancía vendible al capital (inevitablemente Marx). Nuestra propia mercadotecnia la llevamos a cabo, adquiriendo: el “yo” embaucado.

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