Frente Auténtico del Trabajo, Mty.

Página del CETLAC-FAT en Monterrey, NL.

Jornadas Magonistas en Monterrey del 20 y 21 de noviembre de 2010

Posted by CETLAC-FAT-Monterrey en noviembre 30, 2010

LA VIGENCIA DEL MAGONISMO

Lylia Palacios

La historia se construye a partir de las experiencias que realizan los hombres y mujeres en sociedad. Sin embargo, en una sociedad clasista y desigual, el poder hegemónico se encarga de hacer los recortes, ajustes y “adornos”, que se requieran para la salvaguarda de los intereses de clase y la reproducción sistémica, así se elabora la historia oficial, como un ejercicio de corte y confección.

El débil rescate de la contribución de los hermanos Ricardo, Enrique y Jesús Flores Magón y del movimiento magonista son un claro ejemplo de tales recortes. Es decir,  en la visión oficial de la revolución de 1910, el magonismo es reconocido como movimiento precursor de la lucha armada pero la historicidad se pierde, los antecedentes  y el encadenamiento de la protesta social se recortan y se reducen a meras estampas aisladas; en cambio, se adorna con las imágenes episódicas de “héroes” a la medida, como Madero, quien con su mediocridad intelectual e ingenuidad política, bien retrata la idea que el poder tiene de la oposición en este país.

Es esa visión de mártires y villanos (Díaz-Madero-Huerta-Carranza, etc.), la historia oficial que Televisa y las huestes de Elba Esther Gordillo se encargan de difundir sin descanso entre niños y adultos.

Abajo, en los ríos subterráneos de la memoria popular, de la historia social, está la otra parte recortada y desechada por el poder. Allí están las luchas, las demandas que se acumulan, los intentos, los fracasos, las pequeñas victorias, los recuerdos transmitidos generacionalmente, los volantes, los periódicos. Está, una gran continuidad de un pueblo que se opone, que se resiste, que exige, esto es la historia social y no el traje a la medida del poder que ya no soporta más remiendos.

En esa historia están nuestros héroes, esos que con el  brillo de su inteligencia y su grandeza ética,  nos permiten mantener una identidad y memoria histórica, nos recuerdan que la lucha contra el poder nunca ha sido fácil y nos enseñan que antes que los apegos doctrinarios están las demandas  y necesidades de un pueblo.

Estamos conmemorando el aniversario luctuoso de Ricardo Flores Magón.  Y en estas ironías de la vida, su muerte, justamente un 21 de noviembre de 1922, es una suerte de  metáfora crítica, de su actitud férrea hasta el último aliento contra un sistema opresor: mientras que el poder celebra el aniversario de la revolución social que enajenó, nosotros conmemoramos a uno de sus más lúcidos y consecuentes críticos.

Ricardo y sus hermanos, nacidos en  Oaxaca, en las comunidades zapotecas de la Sierra Juárez, participaron como mexicanos preocupados y sensibles ante la situación social de miseria e injusticia que representaba el régimen porfirista. Su primera y principal arma fue el periodismo, “un periodismo crítico, de denuncia, de sátira, de caricatura, incendiario.” Desde el periódico Regeneración, creado en agosto de 1900 denunciaron las barbaridades del orden porfirista que presumía de modernidad (como el de hoy se presume de global).

Posteriormente en julio de 1906 fundan el Partido Liberal Mexicano (PLM), cuyo programa se publicó en Regeneración en marzo y abril de 1906, dirigido ya por Ricardo Flores Magón. Ahí se proponían, entre otros objetivos, hacer efectivas las Leyes de Reforma, leyes en beneficio de los trabajadores, educación laica, restituir sus tierras a los pueblos despojados, supresión de la reelección y abolición de la pena de muerte. En este partido, dice Armando Bartra, se recoge la historia del liberalismo del siglo XIX como una  política progresista, pues consideraban que Porfirio Díaz había traicionado ese liberalismo: “Asumen la creación de un partido político que recupere la tradición revolucionaria que para ellos es la tradición liberal del siglo XIX: Benito Juárez, la lucha contra la intervención extranjera, contra los privilegios del clero, contra la desigualdad, etcétera.” El PLM es reprimido, su periódico cerrado, los magonistas enfrentan la represión y su respuesta es radicalizarse políticamente, pues: “Si no podemos hacer periodismo crítico, no podemos hacer oposición política legal, no nos dejan más que la oposición ilegal, la clandestinidad”. Los Flores Magón no eligieron la ilegalidad, fueron  arrojados a esta.

Fue esa clausura de libertades y violencia del poder lo que movió el pensamiento y la acción de los Flores Magón a las ideas del anarquismo. Este constituía una salida radical a un sistema que evidenciaba su incapacidad consustancial para satisfacer a plenitud las demandas sociales. Es pues entre los años de 1904 y 1905 cuando ya con el ideario anarquista, deben emigrar a Estados Unidos, donde comienzan el trabajo clandestino con el propósito  de impulsar una revolución libertaria, ya no solamente a un cambio político, porque ya no creen que pueda emanar un gobierno político diferente desde dentro del mismo sistema mexicano.

Las evidencias saltan a la vista:”No hay derechos para la organización sindical, no hay derecho de huelga, no hay democracia política ni cívica, los campesinos no tienen tierra, los mínimos derechos democráticos y de justicia social no se cumplen.” (¿Por qué nos suenan hoy tan cerquita estas carencias sociales?)  

Precisamente, la propia claridad de pensamiento y la profunda cercanía y sensibilidad de los Flores Magón a la situación y demandas populares, les permitió comprender que por encima de sus particulares y sólidas posturas ideológicas, estaba la necesidad de propuestas políticas que se engarzaran con la imprescindible  movilización popular. De esta inteligencia política nace en 1906 un programa democrático acorde con lo que el pueblo requería. Había demanda de tierra, de libertad municipal, restitución de derechos, salario mínimo, respeto a las elecciones, freno a la intervención de la Iglesia en asuntos civiles. El programa concentra los derechos agrarios y los del trabajo y reivindica los derechos políticos y ciudadanos.

Tal vez, para los críticos de café pudo parecer un programa ‘muy tibio’, pero la historia mostró que esa formulación programática fue uno de los mayores legados del magonismo a la lucha revolucionaria: de allí sale el grito de lucha de “Tierra y Libertad”, en ella se inspiraron los constituyentes de 1917. Los magonistas entendieron que antes que los propios ideales, las doctrinas, las utopías, estaba el compromiso con la gente que se mueve en una huelga, con la que toma tierras o pelea por sus derechos y libertades.

 En esa perspectiva histórica, señala Bartra, los Flores Magón y sus ideas “aguantan la prueba del tiempo.” Su ejemplo es invaluable y sus enseñanzas mantienen una gran vigencia: “Combinar la convicción de los principios políticos y éticos, con la comprensión pragmática de una realidad: Hacer lo que se puede en el momento en que se puede.”

La ignorancia de la situación concreta y la salvaguarda de la “pureza” doctrinaria, ayudan bastante, pero a la manutención del poder.

La acción del magonismo desde el periodismo como un instrumento libertario, fue también  un acierto político, en un país donde imperaba el analfabetismo entre las clases trabajadoras, sus periódicos fueran leídos en voz alta para quienes no sabían leer.

A la vista de la tremenda polarización económica, de tanta injusticia política y violencia social y ambiental en México, y ante nuestras exiguas capacidades de movilización organizada, medio en broma, medio con reminiscencias mágicas, algunos le apostábamos a la recurrencia del 10: “seguro que en 2010 estalla la revolución!!, como no, si pasó en 1810 y en 1910, por qué ahora no”, pensamos algunos. Y otra ironía, no iniciamos una revolución social, nos impusieron una guerra de pobres contra pobres donde casi todos perdemos y una élite económica y política gana y mucho: con la mitad que vivimos estresados para no perder su trabajo, contra la otra mitad que vives estresados buscando el trabajo que no tienes; del ejército de miles “sicarios” (nombre light para justificar la matanza de jóvenes innecesarios en el mercado laboral), enfrentados a un ejército “oficial”, repleto de jóvenes campesinos e indígenas expulsados de su tierra por el hambre.

Las cifras del desempleo y el subempleo (según el INEGI en 2010, de las 44 millones 500 mil que trabajamos: 28 millones 500 mil, carecen de servicios de salud. Y del mismo total, 57.5% ganan entre 1 y 3 salarios mínimos). Las de la violencia generalizada, un solo ejemplo basta: el de las masacres de jóvenes en Tijuana, Tepic, Cd. Juárez, Torreón,  las fosas de Juárez, N.L. En fin, con la realidad de la polarización económica y social nos confirma que la vigencia del magonismo no reside solo en su ideario libertario, sino también, en la vigencia y agudeza de las mismas causas que motivaron su acción política.       

¿Qué nos dice hoy esta historia? ¿Qué balance podemos hacer nosotros aquí, de la vigencia del magonismo más allá de su reivindicación ética? ¿Qué demandamos? ¿Cómo nos organizamos? ¿Con qué medios contamos?

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