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Louise Michel: “anarquista, luchadora incansable y enamorada de la vida”.

Posted by CETLAC-FAT-Monterrey en marzo 24, 2010

ENcontrARTE (Nic Macleclell)/ inSurGente.

Louise Michel fue la incendiaria líder de la Comuna de París de 1871, cuando la ciudad se levantó para establecer un gobierno obrero de muy corta vida. “La Virgen Roja”, anarquista y rebelde irredimible, pasó gran parte de su vida en la clandestinidad, en el exilio, en la cárcel o en peligro de ser encerrada en un manicomio. Si hablamos de construir el socialismo el tema de igualdad entre hombres y mujeres juega un papel básico. La justicia debe entenderse no sólo en términos de igualdad económico social entre clases, entre grupos sociales; la igualdad arranca por la equiparación de derechos entre todos los habitantes del planeta, entre varones y mujeres. La vida y obra de Louise Michel es un ejemplo de ello.

En Francia a Louise Michel se le rinde tributo como la heroína de la Comuna de París de 1871. Escuelas; estaciones de ferrocarril y calles llevan su nombre. En años recientes han salido varias nuevas biografías que documentan su legendaria vida y se han cotejado y publicado más de mil de sus cartas.

Pero fuera de Francia su historia y legado no se conocen ampliamente. En la mayoría de las historias de la Comuna de París, sucesos ocurridos entre marzo y mayo de 1871, cuando el pueblo parisino se levantó en armas para establecer en la ciudad un gobierno obrero que duró poco tiempo, hay algunas fugaces referencias sobre Louise Michel. Pero después del aplastamiento de la Comuna, Louise Michel fue capturada, encarcelada y deportada a un remoto confín del mundo. A partir de allí desaparece de la mayoría de las historias del siglo XIX.

Sin embargo, más allá de los tumultuosos días de la Comuna de París, Louise Michel sigue llevando una vida de rebelión y esperanza.

Inspirada en una mezcla de valores anarquistas, anticlericales y republicanos, Louise Michel mantuvo su espíritu rebelde durante los últimos 30 años de su vida, hasta su muerte en Marsella en enero de 1905 a la edad de 74 años. Pronunció discursos, dirigió campañas y manifestaciones en apoyo a la revolución social y de los derechos de las mujeres en Francia y en los países europeos vecinos.

Durante toda su vida posterior a la Comuna, Louise Michel fue internacionalista. Apoyó luchas internacionalistas en las colonias francesas en África, Indochina y las islas del Pacífico. Durante su exilio en el Sur del Pacífico, se manifestó contra el racismo de sus compañeros deportados, y en 1878 apoyó la rebelión de la población indígena canaca de la Nueva Caledonia contra la colonización francesa. En las últimas décadas del siglo XIX defendió los derechos de los argelinos que se habían alzado contra el dominio francés allanando el camino a las generaciones posteriores de pacifistas y socialistas franceses que darían su apoyo al Frente de Liberación Nacional de Argelia en los años 1954-62.

Fue maestra, escritora, poeta y oradora desafiante que inspiró a otros a escribir poemas y panegíricos en su honor. Además, a lo largo de toda su vida Louise Michel mantuvo una animada correspondencia con poetas y escritores, científicos y anarquistas, alcohólicos y seres amados.

Juventud

Louise Michel nació el 29 de mayo de 1830, en Vroncourt, una pequeña aldea francesa situada en la región del Haute-Marne. Su madre, Marianne Michel, trabajaba como sirvienta para el terrateniente Charles Demahis. Marianne no estaba casada, y muchos autores suponen que el padre de Louise era el hijo de Demahis, Laurent; de hecho, a lo largo de toda la vida, Louise Michel consideró a los Demahis-padres como sus abuelos.

Desde una edad muy temprana, los abuelos la animaron a leer y a hacer preguntas. Deseaba ser escritora y durante toda su vida escribió poemas, ensayos, obras de teatro y cuentos, todos apasionados. Comenzó a escribir al famoso autor Víctor Hugo, conocido en el mundo entero por sus obras “Los miserables” y “El jorobado de Nuestra Señora de París”, y entre ellos se estableció una amistad que duraría toda la vida.

Su crítica social tocaba temas de los valores católicos, de su amor por los animales y las observaciones de la vida rural. Como explica en sus Memorias: “Hasta donde puedo recordar, el origen de mi rebelión contra los poderosos fue mi horror por los sufrimientos infligidos a los animales”. Solía desear que los animales pudiesen vengarse, que el perro pudiera morder al hombre que lo apaleaba sin piedad, que el caballo que sangraba bajo el látigo pudiera arrojar al hombre que lo maltrataba.

Louise dejó el hogar cuando, al morir sus abuelos la esposa de Laurent Demahis la tildó de bastarda. A los 21 años comenzó a estudiar para llegar a ser maestra de escuela primaria y, en septiembre de 1852, se convirtió en la maestra principal de una escuela en Audeloncourt en Haute-Marne. (Mas tarde declaró que había abierto su propia escuela para no tener que jurar lealtad al emperador Napoleón III, como se exigía de los maestros públicos.) El año siguiente viajó a París para impartir clases allí, pero regresó a Haute­Marne varios meses más tarde, al enfermarse su madre.

Durante varios años siguientes Louise fue maestra en pequeñas escuelas en Clermont y Milliéres en la región de Haute-Marne. Experimentó con métodos de enseñanza libertaria, usando técnicas muy por delante de su tiempo: componía obras de teatro para que sus alumnos las representaran y llevaba animales y pájaros al aula para que los niños los tocaran. Una de sus. Colegas expresó: “No sé si esto fue del todo correcto, como la Sorbona entiende esta palabra. Fue un barullo, algo rebelde, con métodos de enseñanza sumamente inusuales, pero teniéndolo todo en cuenta hay que conceder que la instrucción no se dejaba de impartir”. Sin embargo, siguió soñando con París. Tan sólo en 1865, después de vender algunas tierras que le había dejado la familia Demahis, tuvo bastantes fondos para abrir una escuela diurna en la capital.

Lucha contra el imperio

Como maestra provincial Louise Michel no participaba activamente en la turbulenta vida política de los mediados del siglo XIX. En toda Europa el año 1848 estuvo marcado por sublevaciones populares y Republicanas; en Francia se proclamó una república. Pero en 1851 Charles Louis Napoleón Bonaparte (sobrino del famoso general) dio un golpe de Estado y derrocó la efímera República Francesa.

El Segundo Imperio de Louis Bonaparte subsistió hasta 1870, con apoyo de la conservadora población rural. En los últimos años de su reinado, sin embargo, la oposición popular al imperio se hizo cada vez mas patente. En la década de 1860 los republicanos -tanto los reformistas de la clase media como los radicales de la clase obrera- ganaron muchas elecciones en centros urbanos. El 12 de enero de 1870, después del asesinato del periodista republicano Victor Noir perpetrado por el príncipe Pierre Bonaparte, el primo del Emperador, cerca de 10 000 personas se manifestaron en contra del Segundo Imperio. Louise Michel, vestida de hombre y con un puñal oculto entre su ropa, asistió al funeral.

En julio de 1870, luego de una lucha diplomática alrededor de la intentona prusiana por apoderarse del vacante trono español, el Emperador francés declaró la guerra a Prusia. En agosto, tres ejércitos prusianos invadieron Francia. Haciendo uso de nuevas tecnologías (ferrocarril y artillería de tiro rápido), no tardaron en derrotar al mariscal francés MacMahon en Worth y en Weisenburg y rodear la ciudad de Estrasburgo. A mediados de agosto las fuerzas francesas sufrieron derrotas en Mars-la-Tour y en Gravelotte, y los prusianos avanzaron sobre Chalons.

Después de la victoria decisiva de los prusianos en la batalla de Sedán el emperador Louis Napoleón III y el mariscal MacMahon fueron capturados y capitularon el 2 de septiembre con más de 83 000 soldados. AI enterarse de la derrota de Sedán, los obreros Parísinos ocuparon el Palacio de Bourbon y obligaron a la Asamblea Legislativa a proclamar la caída del Imperio y declarar una república el 4 de septiembre. Se formó un Gobierno de Defensa Nacional, provisional, con el objetivo de continuar la guerra y expulsar a los prusianos de Francia: “…no cederemos ni una pulgada de nuestro suelo, ni una piedra de nuestras fortalezas”.

Solo unos pocos años antes, en 1864, el revolucionario alemán Carlos Marx había ayudado en Londres a la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores (una red que se Llamaría más tarde la Primera Internacional). Ahora, en Londres y en otras ciudades europeas, se iniciaron mítines y manifestaciones que exigían el reconocimiento de la nueva República Francesa. El Consejo General de la Primera Internacional participó directamente en este movimiento solidario, promoviendo resoluciones y peticiones que exigían al Gobierno británico el inmediato reconocimiento de la república.

Inicios del activismo político

En medio de toda de esta agitación Louise Michel se vio sumergida en la actividad política que consumiría el resto de su vida.

En París, Louise comenzó a leer textos sobre historia natural, química y filosofía científica, entre ellos, “El origen de las especies” de Charles Darwin: y se autoproclamó atea y materialista. Ingresó en la Unión de Poetas y mantuvo una extensa correspondencia con intelectuales tales como el escritor Víctor Hugo, el poeta Paul Verlain y otros artistas franceses. Conoció también a numerosos líderes republicanos y revolucionarios que desempeñarían un papel clave en IA Comuna de París, como por ejemplo Théophile Ferré (el agitador socialista que más admiraba, a quien incluso amó pero que fue ejecutado en noviembre de 1871 después de la caída de la Comuna).

El 15 de agosto de 1870 Louis Michel se unió a la manifestación.

En apoyo a los generales Emile Eudes y ‘Brideau, dos republicanos arrestados por el gobierno, fue ella quien llevó la petición a su favor al general Trochu, el gobernador militar de París. En septiembre, Louise Michel llegó a ser noticia pública con sus llamados a los ciudadanos librepensadores para que suministraran apoyo médico y alimentario a la ciudad de Estrasburgo, rodeada por el ejército prusiano desde hacia alrededor de un mes. Carlos Marx había ayudado en Londres a la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores (una red que se Llamaría mas tarde la Primera Internacional). Ahora, en Londres y en otras ciudades europeas, se iniciaron mítines y manifestaciones que exigían el reconocimiento de la nueva República Francesa. El Consejo General de la Primera Internacional participó directamente en este movimiento solidario, promoviendo resoluciones y peticiones que exigían al Gobierno británico el inmediato reconocimiento de la república.
Era miembro de dos comités creados en el 18 distrito en los suburbios del Este de París, uno para hombres y otro para mujeres. En noviembre fue electa presidenta del Comité de Vigilancia femenino. “Pasé las mejores horas del asedio con el comité de Montmartre y con el Club de la patrie en Danger. Allí una se sentía vivir más plenamente, con la sensación de estar en su propio elemento, en medio de la intensa lucha por la libertad. El avance militar prusiano continuó en los finales de 1870. París fue sitiada a partir del 19 de septiembre, y el Gobierno de Defensa Nacional se trasladó a la ciudad de Versailles. El ejército francés de más de 150.000 hombres capituló el 27 de octubre, pero cuando el Gobierno de Defensa Nacional comenzó negociaciones con los prusianos, los trabajadores y secciones enteras de la Guardia Nacional de París se sublevaron, comandadas por el socialista revolucionario Louis Auguste Blanqui. Se apoderaron de la alcaldía de París e instauraron un gobierno revolucionario, el Comité de la Seguridad Pública, que apenas duró unos días hasta que Blanqui fue arrestado y acusado de traición.

Entre octubre de 1870 y marzo de 1871, el Gobierno de Defensa Nacional y las fuerzas republicanas radicales en París compitieron por la supremacía política. La Guardia Nacional republicana se creó como una milicia popular y armó con eficacia a los obreros de París. La Guardia Nacional alistó a 384 000 hombres en 234 batallones por barriadas, y también organizó un batallón femenino al mando de la coronel Adelaida Valentín. Este torbellino revolucionario absorbió a Louise Michel, quien participó en la manifestación masiva del 31 de octubre de 1870 frente ala alcaldía de París en apoyo del comité de la seguridad pública. En diciembre se le arrestó por primera vez, a raíz de una manifestación femenina frente a la alcaldía de París para exigir que la Guardia Nacional entrenara y reclutara a mujeres. Y el 22 de enero de 1871, cuando tropas de Versailles, comandadas por el general Trocha, abrieron fuego contra la multitud que estaba protestando frente a la alcaldía, Louise Michel, vestida con un uniforme de la Guardia Nacional y empuñando un fusil, disparó en respuesta.

Louise Michel solía discutir con otros radicales, ofreciéndose a ir a Versailles y asesinar a Adolphe Thiers, el reaccionario líder del Gobierno de Defensa Nacional. Aunque persuadida de que un acto de terror sólo podría traer represalias, viajó disfrazada a Versailles y regresó a París para probar que esto era factible. El Gobierno de Defensa Nacional, cercado por las fuerzas prusianas, llegó a capitular y estuvo de acuerdo con pagar cinco mil millones de francos y renunciar a una gran parte de las provincias fronterizas de Alsacia y Lorena. Pero la capitulación no podía ser efectiva si se llegara a controlar a París.

Con anterioridad a esto, el 18 de marzo de 1871 el Gobierno de Versailles envió 4.000 soldados a tomar los cañones de la Guardia Nacional. Muchas de estas armas estaban emplazadas en la colina de Montmartre, la elevación que domina la ciudad, y en el suburbio donde louise Michel era miembro activo del Comité de Mujeres. Como ella misma lo describe en sus Memorias, ayudó a las mujeres a unirse para apoderarse de los cañones de la Guardia Nacional e impedir que los soldados de Versailles se los llevaran. Los soldados se negaron a disparar contra mujeres y, en vez de ello, detuvieron y mataron a tiros a su propio comandante. Los delegados de la Guardia Nacional obtuvieron, de hecho, el control político de la ciudad, y las elecciones se convocaron para la misma semana. La Comuna de París había comenzado su rebelión.

Control popular en la Comuna

¿Qué fue, pues, la Comuna? En francés, el término significa “municipalidad local”, pero para hombres y mujeres de 1871 se refería también a la Comuna que se había creado durante la revolución Francesa en 1792, símbolo del control popular.

El 26 de marzo de 1871, una semana después de la captura de los cañones de la Guardia Nacional, alrededor de 229.000 ciudadanos de París eligieron un consejo municipal de 80 miembros: La Comuna de París se componía de republicanos de clase media y también de trabajadores y tenderos más radicales. Cerca de la mitad de los miembros electos de la Comuna eran obreros calificados, mientras que otros eran periodistas, abogados, médicos y contadores. La mayoría apoyaba a, a la izquierda republicana: casi un 20 % era miembro de la Primera Internacional de Marx, mientras que otros eran seguidores del líder anarquista Pierre-Joseph Proudhon (entre ellos, el diseñador textil Eugéne Pottier, quien más tarde escribiría el himno revolucionario La Internacional).

El suburbio de Louise Michel, en Montmartre, era un hervidero de la clase obrera; fermento revolucionario, donde 15.000 de los 17.000 votantes elegibles apoyaban al encarcelado socialista Auguste Blanqui. Durante su breve existencia entre marzo y mayo de 1871, la Comuna promulgó una serie de decretos a fin de promover la democracia radical: medidas de seguridad, democracia y economía que permiten se la celebre como el primer gobierno obrero.

El levantamiento de París significó una rebelión contra los viejos símbolos de militarismo y represión. La primera decisión de la Comuna fue la de abolir el reclutamiento obligatorio y el ejército permanente y dejar la milicia de la Guardia Nacional como la única fuerza armada. La guillotina fue quemada públicamente por las tropas de la Guardia Nacional, con gran regocijo popular. El 16 de mayo, en los últimos días de la Comuna, se demolió la Columna de la Victoria en la plaza Vendóme (fundida con cañones capturados Por Napoleón en la guerra de 1809), como “símbolo de chovinismo e incitación al odio nacional”. La Comuna decretó la separación de la Iglesia del Estado, la abolición de todos los pagos estatales con propósitos religiosos y la transferencia de todos los bienes de la Iglesia a la propiedad nacional. El decreto ordenaba que se despojara las escuelas de todos los símbolos, cuadros, dogmas y textos religiosos, ya que “todo ello pertenece a la esfera de la consciencia del individuo”.

Las posiciones clave administrativas, judiciales y educacionales se ocuparían por elección popular y no por designación, y a los miembros de la Comuna se les prohibía ocupar más de un cargo. A los extranjeros electos a la Comuna se los confirmó en sus cargos, ya que “la bandera de la Comuna es la bandera de la República Mundial”.

Otras reformas abrían camino al pueblo trabajador hacia la toma del poder económico. En medio del colapso económico producido por la guerra y el asedio de París, la Comuna tomó medidas para liberar a los obreros, mercaderes, pequeños propietarios y artesanos de la carga de los impuestos, al decretar una moratoria sobre el pago de las deudas, al posponer por tres años las obligaciones de los deudores y al abogar por la abolición de los intereses sobre las deudas. Los derechos a recibir pensiones se extendieron a las concubinas y los hijos naturales, gran reto este a los valores de la Iglesia y de la propiedad.

El 16 de abril la Comuna dio uno de sus pasos explícitamente socialistas al emitir un decreto sobre las fábricas abandonadas, en virtud del cual la gente podría formar cooperativas y trabajar en las fábricas abandonadas por sus dueños que habían huido de la revolución.

La Comuna decidió también que sus miembros electos solo podrían percibir salario de hasta 6.000 francos, o sea similar al de otros trabajadores. Un decreto abolió el trabajo nocturno de los panaderos, acabó con el impopular sistema de tarjetas de registro de los obreros y ordenó el cierre de las casas de empeño como “una explotación privada del trabajo”.

Las mujeres en la Comuna

Durante la Comuna, los Parísinos se organizaron en clubes comunitarios locales, y estas asociaciones populares se convirtieron en centros de debate, teatros y editoriales. Desde la creación de la Comuna en marzo de 1871, Louise Michel participó regularmente en las reuniones del Comité de Vigilancia en Montmartre (para hombres) y se sumergió en el trabajo de ayuda para niños, grupos femeninos y asociaciones comunitarias.

Como presidenta del Comité de Vigilancia femenino, desempeñó un papel rector en la movilización de mujeres en apoyo de la Comuna y organizó el servicio de guardería infantil para 200 niños que vivían en la asediada capital. Reclutó trabajadoras de ambulancias, incluso entre las profesionales del sexo de su suburbio. Refutando la preocupación de sus compatriotas masculinos de que “los heridos han de ser atendidos por manos puras”, expresó: “¿quién más que estas mujeres, las víctimas más lastimosas del viejo régimen, tiene derecho de dar su vida por el nuevo?” Mujeres activistas como Sophie Poirier y Elisabeth Dmitrieff, revolucionaria rusa de 20 años de edad, fueron más allá de las demandas básicas al hacer propuestas socialistas a los líderes de la Comuna de París. Sophie Poirier organizó un taller donde dio empleo alrededor de 70 mujeres; todas ellas compartías las ganancias.

Estas radicales llamaban a apoderarse de las fábricas abandonadas para entregarlas a las mujeres que trabajan en ellas. Sus demandas (pago igual por trabajo igual, mejor salud ocupacional y seguridad, reducción del horario laboral) aun resuenan hoy en día. En respuesta, algunos decretos de la Comuna tuvieron que ver directamente con el estatus de las mujeres, como por ejemplo el decreto del 21 de mayo, que igualaba el pago a los maestros de ambos sexos.

El ejemplo de la Comuna de París

La Comuna de París, que apenas perduró entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871, tuvo una importancia legendaria. Inspiró a gran cantidad de anarquistas, socialistas y comunistas en las décadas precedentes a la Revolución Rusa de 1917 y fue fuente de ideas sobre la sustitución de las estructuras políticas capitalistas con otras que pudieran ayudar a una transición hacia una sociedad socialista.

Se considera que el levantamiento de París fue la primera gran rebelión de los obreros que lanzó un reto al poder estatal y formó un gobierno obrero. Este legado se hace patente incluso a pesar de que muchos de sus decretos y acciones no llegaron a cumplirse a plenitud, dado que el período del control popular en la ciudad fue muy breve y que muchos de los líderes de la Comuna no eran obreros, socialistas o revolucionarios.

Desde su exilio en Londres, Carlos Marx siguió con atención los acontecimientos en París. Apenas unos días después del levantamiento escribió “La guerra civil en Francia”, un informe para el Consejo General de la Primera Internacional. Este famoso texto analiza la importancia de la efímera Comuna, y desafía la idea de que los simples obreros no están preparados para gobernar. El folleto es un mordaz y polémico ataque contra Adolphe Thiers, el “monstruoso gnomo”, “un Tom Thumb parlamentario”, “un mono que tuvo oportunidad de dar rienda suelta a sus instintos de tigre”. Antes de que terminara el año, el folleto se publicó 30 veces en 11 idiomas. Marx consideraba que la Comuna significó un gran adelanto en la creación de un gobierno obrero y no tan solo de republicanos de la clase media.

Fue la primera revolución donde la clase obrera fue reconocida públicamente como la única clase capaz de iniciativa social, incluso por la mayor parte de la clase media Parísina -tenderos, vendedores, comerciantes-, con la sola excepción de los ricos capitalistas.

En abril de 1871, en una carta a un colega de la Primera Internacional, Marx sostiene: “La Historia no tiene otro ejemplo de tal grandeza. Con la lucha en París, la lucha de la clase obrera contra la clase capitalista y su Estado ha entrado en una nueva fase”.

Marx y su colaborador Federico Engels afirmaron que la Comuna planteó cuestiones cruciales para todo movimiento radical. En 1872, en una nueva introducción a su revolucionario “Manifiesto comunista”, expresaron que la revolución obrera debería “hacer trizas el aparato estatal” para poder progresar: “Algo muy importante que demostró la Comuna es que la clase obrera no puede simplemente apoderarse de la maquinaria estatal ya existente y utilizarla para sus propios fines”.

La represión de los comuneros

Esta rebelión republicana, anticlerical y popular, sembró miedo tanto en el ejército prusiano como en el reaccionario Gobierno de Defensa Nacional francés. El líder de Versailles Adolphe Thiers pidió al canciller prusiano Otto von Bismarck permiso para reforzar el ejército de Versailles con prisioneros de guerra franceses que se habían rendido después de las victorias prusianas en Sedan y Metz. Bismark accedió a condición de un pago de una cuantiosa indemnización, y el ejército francés comenzó a asediar París. A partir del 3 de abril de 1871 las tropas de Versailles emprendieron el asalto final para aplastar la Comuna de París. Como miembro del primer batallón de Montmartre, Louise Michel participó en la defensa de París, tanto en calidad de combatiente como en la de asistente médica.

La imagen de Louise Michel como combatiente se suele resaltar en las historias de la Comuna, pasando por alto sus logros como poeta y política. Pero no hay duda alguna que sí estuvo en las barricadas en la defensa de París. Peleó en las batallas de Clamart, Neuilly e Issy-Ies-Moulineaux, y el Journal oficial de la Comuna, en su número del 1º de abril menciona específicamente su coraje: “Una enérgica mujer ha estado combatiendo en las filas del primer batallón y ha aniquilado a varios policías y soldados”.

En los intervalos entre las batallas, leía obras de Baudelaire y tocaba el armonio en una iglesia cerca de Neuilly. Pero en sus propias Memorias escribe: “Si, bárbara como fui, amaba el cañón, el olor de la pólvora y la metralla en el aire, pero por encima de todo, estaba enamorada de la revolución”

Las tropas de Versailles entraron en París el 21 de mayo, después que los prusianos, que tenían en sus manos las fortificaciones del Norte y del Este, les permitieran cruzar el territorio al Norte de la ciudad. Los suburbios más ricos acogieron a los soldados de Versailles como libertadores, pero al aproximarse a los suburbios obreros chocaron con una resistencia feroz. Como París ardió, a las mujeres de la Comuna se les tildó de petroleuses (incendiarias), acusación esta que la prensa conservadora, furibunda, le hizo después a Louise Michel.

En los últimos días del conflicto los comuneros ejecutaron a cierto número de rehenes militares, clericales y políticos, por lo cual la prensa de Versailles los puso en picota. Pero estas muertes fueron sobrepasadas por la ferocidad de las tropas de Versailles que pasaran ocho días masacrando a trabajadores y fusilando civiles a mansalva. Un testigo inglés recalcó la resistencia del batallón femenino de Louise Michel: “Pelearon como demonios, mucho mejor que los hombres; y tuve el dolor de ver como abatían a 52 de ellas, incluso cuando ya estaban rodeadas por soldados y desarmadas”.

Miles de comuneros y obreros fueron ejecutados sumariamente. Se desconoce la cantidad exacta de víctimas, pero fueron asesinados más de 20.000, otros 43.000 fueron arrestados, decenas de miles encarcelados y, más tarde, se deportó cerca de 5.000 de ellos.

Una ley de marzo de 1872 prohibió la Primera Internacional como subversiva, y toda actividad socialista y anarquista fue ilegal durante más de una década.

Hoy, en el cementerio Père Lachaise de París, una pequeña placa marca el lugar donde fueron fusilados los últimos comuneros que se habían rendido: “Aux Morts de la Commune, 21-28 mayo, 1871” (A los muertos de la Comuna, 21-28 de mayo, 1871). Los turistas conocen el cementerio principalmente como el lugar donde descansa Jim Morrison, el cantante de The Doors, pero la esquina más cercana a la placa de los comuneros fusilados está flanqueada por tumbas de revolucionarios franceses, entre ellos, luchadores de la Resistencia antinazi, activistas de la lucha sindical, socialistas y comunistas.

Juicio y deportación

Louise Michel escapó a la masacre final de los comuneros. El 18 de mayo la habían enviado a trabajar con el Comité de Vigilancia en Montmartre. Peleó en el cementerio de Montmartre y en las barricadas de Clignancourt, donde participó en la última resistencia contra el avance de las tropas de Versailles. AI principio pudo evadir la captura, pero cuando a su madre la aprisionaron como rehén, se entregó. Poco después, la transfirieron a Versailles y llevaron ante un tribunal militar para interrogarla. En septiembre de 1871 la trasladaron a la prisión de Arras, donde estuvo durante los dos meses anteriores a su proceso. EI16 de diciembre compareció ante el Cuarto Consejo de Guerra. De hecho, ella tenía poco respeto hacia cualquier corte o ley. Despreció la autoridad del tribunal al decir: “Ya que al parecer todo corazón que late por la libertad solo tiene derecho a recibir una pequeña porción de plomo, solicito la que me toca. Si me dejáis viva, no dejaré de clamar por la venganza y denunciaré a los asesinos de la misericordia a la venganza de mis hermanos”. Ante lo cual e Presidente del Tribunal dijo: “No puedo permitirle que siga hablando si continúa en este tono”. Agregando Louise: “He terminado… Si no sois cobardes, matadme”.

Su desafió salió en primera plana en todos los periódicos de Francia, y Víctor Hugo escribió en su honor el poema Viro Major. Pero los jueces rechazaron su ofrecimiento de martirio y la condenaron a la deportación a una fortaleza de Nueva Caledonia, colonia francesa en el Pacifico Sur, a 20.000 millas de París. Louise Michel se negó a apelar la decisión y estuvo detenida en Francia durante casi dos años en espera de la deportación. El 24 de agosto de 1873, en unión de otros comuneros, fue trasladada en tren desde París hasta el puerto de La Rochelle. Cuatro días mas tarde, 169 deportados, entre ellos 20 mujeres, fueron embarcados en el buque Virginie hacia el Pacífico Sur. La navegación duraría cuatro meses.

Entre los kanakas

Las islas de Nueva Caledonia, situadas a 1.800 kilómetros de Australia, fueron el lugar de exilio de Louise Michel durante más de seis años. AI anexar Nueva Caledonia en 1853, Francia estableció allí una colonia penal que fue la piedra angular de la sociedad colonial hasta su clausura en 1897. Además de los delincuentes, los convoyes traían argelinos tomados prisioneros luego de la derrota de la sublevación de 1871 liderada por Abd-el Kader y, después de la caída de la Comuna de París, a presos políticos. Más de 4.200 comuneros fueron deportados a Nueva Caledonia en 20 convoyes, entre el 29 de septiembre de 1872 y el 25 de octubre de 1878. Louise Michel llegó a Nueva Caledonia el 1º de diciembre de 1873. AI principio, los líderes de la Comuna, coma Henri Rochfort, fueron situados en la península Ducos, en Numbo. Junto con otras mujeres de la Comuna, Louise Michel se negó a que la separaran de sus camaradas hombres, de modo que se la ubicó también en el Campamento de Duco. Tuvo extensas discusiones políticas con anarquistas tales como Natalie Lemel y Charles Malato, y fue durante su exilio cuando adoptó los puntos de vista políticos anarquistas a los que sería fiel por el resto de sus días. Su amistad con Rochfort duraría también por toda la vida, e incluso en los últimos años, cuando sus opiniones políticas dejaron de coincidir, Rochfort siguió dándole su apoyo financiero.

La administración colonial de Nueva Caledonia entregó a los inmigrantes las mejores tierras en las planicies y los valles llanos. AI verse despojada de su tierra, la población indígena melanesia, conocida como kanaka, tuvo que retroceder a los estrechos valles del interior, donde resultaba difícil cultivar los alimentos básicos, como el ñame y la malanga.

Louise Michel asumió la defensa de la causa de los kanakas: “A algunos camaradas les parecía que yo era más kanaka que los propios kanakas”. Fascinada desde el primer momento con el canibalismo, empezó a estudiar algunas de las lenguas indígenas y trabajó como maestra con niños y adultos kanakas. Muy pronto, el estilo de enseñanza de Louise Michel suscitó la ira de un alcalde, quien manifestó: “Usted tiene que cerrar su escuela. Llena las cabezas de esos kanakas con doctrinas peligrosas. El otro día, la oyeron hablar de humanidad, justicia, libertad y otras cosas inútiles”.

Poco a poco, fue recopilando leyendas y canciones kanakas, los publicó en el periódico local “Les Petits Affiches” y, a su regreso a París, los reordenÓ y volvió a publicar. Desde la década de 1840 los clanes kanakas opusieron una esporádica resistencia a que se les despojara de sus tierras. La política de encerramiento, impuesta sistemáticamente a partir de 1876, fue causa de la gran sublevación de 1878, liderada por el jefe indígena Atai, famoso por declarar al manifestarse contra el robo de las tierras kanakas: “Cuando mi malanga pueda ir a comer a la tierra donde pastan vuestras vacas, respetaré vuestros cercamientos”. Muchos clanes siguieron a Atai, y la rebelión duró dos meses en el Oeste de la isla principal alrededor de centros coloniales La Foa, Bourail y Bouloupari. Los kanakas atacaron granjas aisladas y mataran a unos 200 colonos. El ejército francés fue feroz en su represión que duró por más de seis meses y causó más de 1.200 muertes entre los kanakas, entre ellas la de Atai, traicionado por clanes opositores. Durante la revuelta de 1878, la mayoría de los comuneros exiliados en Nueva Caledonia se unió a la causa del Estado francés. Pero Louise Michel toma el bando de los kanakas, identificándose con su espíritu de rebelión: “Los kanakas buscan la misma libertad por la que nosotros luchábamos en la Comuna. Dejadme decir tan solo que, una noche, mi bufanda roja, la roja bufanda de la Comuna que yo había logrado ocultar de todos los registros, fue dividida en dos partes. Dos kanakas que iban a unirse a los insurgentes que luchaban contra los blancos, me visitaron ara despedirse de mí. [Entonces] se deslizaron hacia el océano. El mar estaba bravo, y es probable que ellos nunca lograran atravesar la baya, o tal vez cayeran en la lucha. Jamás volví ver a ninguno de ellos ni se cual de las dos muertes se los llevó, pero eran valientes, con el valor que poseen tanto los negros como los blancos”.

El simbolismo del gesto de Louise Michel pervive en el actual movimiento kanaka por la independencia. En los comienzos de la década de 1970, una nueva generación de estudiantes kanakas regresó a la patria después de haber estudiado en Francia durante el turbulento mayo de 1968. Organizaron un grupo llamado Foulards Rouges (Pañuelos Rojos) cuya finalidad era la lucha para independizarse de Francia. Los artículos de Louise Michel sobre la cultura kanaka fueron publicados y vueltos a publicar en Nueva Caledonia, una escuela primaria lleva su nombre y la obra de teatro escrita en su honor, “La Virgen Roja”, se estrenó en 2002 en el Centro Cultural de Tjibaou.

Solidaridad con Argelia

El internacionalismo de Louise Michel se expresó también en su solidaridad con el levantamiento cabila ocurrido en Argelia en 1871, cuando 200.000 personas se sublevaron contra el dominio francés; la revuelta fue aplastada por 80.000 soldados franceses. Louise Michel escribió en sus Memorias: “Una mañana, en los primeros días después de nuestra deportación, vimos la llegada de árabes, con sus inmensos albornoces blancos, deportados igual que nosotros por haberse sublevado contra la opresión. Estos orientales, que habían sido encarcelados lejos de sus tiendas y sus rebaños, eran tan buenos y sencillos, y tenían un enorme mérito”.

La solidaridad de Louise Michel con los kanakas y los argelinos contrastaba con el racismo predominante en la comunidad de colonos de Nouméa e incluso entre muchos comuneros exiliados; en sus Memorias Louise Michel recuerda muchas amistades hechas entre los deportados argelinos.

En diciembre de 1879 a Louise Michelle le ofrecieron una deducción de la sentencia, que en un principio rechazó. Sin embargo, en julio de 1880, en Francia se decretó una amnistía para los miembros de la Comuna, y se le perdonó. Rumbo a la patria, al llegar a Australia, solicitó un pasaje a Francia en un veloz barco-correo y no en un lento velero, para llegar más rápidamente junto a su madre. AI principio su solicitud fue denegada, pero en sus Memorias describe como convenció al cónsul francés a acelerar su viaje: “El cónsul francés en Sydney aun no se había hecho a la idea de repatriarme junto a algunos otros que debían viajar en el barco-correo. Le dije que, en tal caso, me vería obligada a impartir conferencias sobre la Comuna durante varios días, para poder usar los honorarios para mi viaje. Entonces decidió enviarme junto a 20 otros en el barco-correo John Helder que zarpaba rumbo a Londres”. Llegó a Londres el 7 de noviembre de 1880 y dos días más tarde regresó triunfante a París por la estación de Saint-Lazare.

Agitación radical

Por el resto de su vida, Louise Michel siguió haciendo agitación a favor de causas radicales y anarquistas. El hecho de haber sido comunera le aseguraba amplia atención del público y simpatía popular, y solía decir con tempestuosa furia: “El océano de revoluciones nos llevará adelante con sus altas mareas”.

George Woodcock, historiador británico del anarquismo, la describe como una “santa laica”. Pero para los conservadores, Louise Michel llegó a ser el símbolo de todas las cosas feas y amenazadoras. En caricaturas y polémicas, los perioditos de la derecha la moteaban de “la Virgen Roja”, presentándola como carente de atractivos y masculina.

Resulta irónico que sus seguidores aceptaron con orgullo este título, y nuevas generaciones de escritoras feministas han especulado sobre su sexualidad y su negativa a contraer matrimonio. En muchos estudios recientes sobre la vida de Louise Michel los autores ponderan su admiración por Víctor Hugo (lo suficientemente viejo como para ser su padre), su frustrado amor hacia el ejecutado comunero Théophile Ferre, y sus estrechas relaciones con mujeres, como Miriam Ferre y Nathalie Lemel. Los estudiosos escudriñan en sus cartas en busca de evidencias que respalden sus teorías de que su regreso de París a Haute-Marne fue para dar a luz un hijo de Víctor Hugo, o que su rompimiento con Nathalie Lemel pudo haberse producido a raíz del fin de una relación lésbica. A todas luces, la información sobre la vida privada de Louise Michel es escasa. En cambio, existen abundantes testimonios de que era una apasionada oradora y agitadora. Durante los años 1880 y 1890 habló en numerosos actos públicos en apoyo de causas radicales, lucha obrera y a favor de los derechos de los desempleados. Con frecuencia la llamaron a rendir tributo a sus camaradas de la Comuna de París; poco después de su regreso a la capital, en enero de 1881, pronunció un panegírico en el funeral del líder socialista Blanqui.

Deseaba hablar desde el estrado a toda clase de radicales, pero su compromiso era con la “revolución social”, profundamente opuesto al de los políticos parlamentarios. Aunque apoyaba fuertemente la lucha de las mujeres por ocupar su lugar en la sociedad, no apoyó la demanda feminista decimonónica del derecho a voto para las mujeres, ¡verdad es que también se oponía al voto para los hombres! Sus lazos emocionales la unían al movimiento anarquista. El Manifiesto Anarquista, publicado en enero de 1883, expresa: “¡Villanos que somos, exigimos pan para todos, conocimientos para todos, trabajo para todos, independencia y justicia para todos!” Y Louise Michel agregó: “Comparto todas las ideas que se expresan aquí”.

AI regresar de Nueva Caledonia publicó varios libros sobre la cultura kanaka y la historia de la Comuna, y la publicación de sus Memorias en 1886 hizo que el amplio público conociera sus puntos de vista. Escribió para muchos boletines noticiosos obreros y socialistas y, en noviembre de 1895, junto al anarquista Sébastien Faure, fundó el periódico Le Libertaire.

Fue fiel a su perspectiva internacionalista y condenó las operaciones militares francesas en las colonias de ultramar: “En 1871, los mataderos gubernamentales se hallaban en París; ahora están en Madagascar y en Tonkín”. En 1880 cientos de antiguos comuneros se reunieron en un salón en Varigaud para exigir la amnistía para los rebeldes argelinos de 1871 que se avían sublevado contra el dominio francés; Louise Michel fue elegida como uno de dos presidentes honorarios de la reunión. Apoyó esta campaña por la amnistía durante quince años, hasta que finalmente, en 1895, el perdón fue concedido. En 1904, poco antes de morir, viajó a Argelia para investigar la situación de los árabes en la colonia francesa.

Acoso Policial

Los halagos que le dirigían muchos partidarios de la clase obrera provocaron una estrecha vigilancia por parte de la policía. En los 25 años que siguieron a su regreso del exilio, las autoridades de varios países europeos controlaron sus discursos y, con frecuencia, la detuvieron, encarcelaron o deportaron. En una carta a un amigo, agregó una posdata: “Ruego a las personas responsables de abrir mi correspondencia que vuelvan a sellar las cartas y las pongan en el correo. Como ya habréis visto, no hablamos de vosotros”.

El 9 de marzo de 1883 Louise Michel participó en una concentración de desempleados en París junto a Les Invalides, durante la cual fueron saqueadas varias panaderías. Como Louise Michel y el anarquista Émile Pouget llevaban en alto una bandera negra al frente de la concentración, la policía ordenó su detención. Eludió a la policía durante dos semanas, pero el 29 de marzo escribió al comisario de policía Camescasse diciéndolo que se entregaría; al día siguiente la detuvieron y la condujeron a la prisión de Saint-Lazare. Allí conoció a numerosas prostitutas y, más tarde, hizo suya la causa de las trabajadoras del sexo, a quienes consideraba víctimas de la explotación sexual: “Ni una chica más para la prostitución, ni un chico más para el ejército…”. Durante el juicio por la protesta de Les Invalides, el 21 de junio, el fiscal le preguntó: “¿Toma parte usted en cada manifestación que ocurre?” Su respuesta: “Desgraciadamente, sí. ¡Siempre estoy de parte de los desdichados!”

Después de su ardiente discurso dirigido a los jueces la sentenciaron a seis años de detención solitaria seguida de lo años de vigilancia policial y la transfirieron a la cárcel de Clermont de I’Oise. La severidad de la sentencia impactó a muchos, entre ellos, el poeta Paul Verlaine, quien escribió su “Balada en honor de Louise Michel”.

Su condena de prisión fue reducida después de la muerte de su madre, el 3 de enero de 1885. Tres días después del funeral, un decreto presidencial otorgaba perdón a Louise Michel. AI principio se negó, pero luego aceptó y así fue libre de nuevo para proseguir su agitación.

Continuó provocando a las autoridades con sus oratorias públicas. El 3 de junio de 1886 habló junto a líderes socialistas Jules Guesde, Paul Lafargue y Dr. Susini en un mitin público en París en apoyo a los mineros en huelga de Decazeville. En agosto, ella y sus radicales colegas fueron sentenciados a cuatro meses de prisión y 100 francos de multa por hablar a favor de los mineros. En el mes siguiente Guesde, Lafargue y Susini apelaron la decisión del tribunal y fueron liberados. Pero Louise Michel se negó a apelar, creando con su desafiante actitud una situación embarazosa para el gobierno. AI fin, después de muchas contorsiones por parte del gobierno, en noviembre de 1886, se le perdonó.

En enero de 1888 escapó de la muerte por un pelo. Después de un discurso en el teatro Gaíte de Le Havre, un fanático católico llamado Pierre Lucas le disparo dos veces con su pistola y la hirió en la cabeza. Así y todo, protegió a Lucas de la ira popular y más tarde se negó a presentar una demanda en su contra, tan grande era su desprecio hacia la policía y el sistema judicial.

Un nuevo problema surgió después del discurso de Louise Michel por el 1º de Mayo en la ciudad francesa de Vienne, el 30 de abril de 1890. Cuando los obreros, con banderas rojas y negras en serial de protesta, se enfrentaron a la policía, levantaron barricadas y sa­quearon una fábrica, Louise Michel fue detenida. Se negó a aceptar un ofrecimiento de libertad provisional hasta que se liberase también a los demás acusados. Aunque la orden de su arresto se revocó, destrozó todo cuanto había en su celda y se negó a abandonar la prisión hasta que sus condiciones fuesen aceptadas. Los médicos del hospital la declararon demente (táctica común contra mujeres rebeldes), pero el miedo al escándalo hizo que el gobierno la liberara, y así el 4 de junio regresó a París.

El temor a que las autoridades utilizaran el diagnóstico de demencia para internarla en un asilo, hizo que Louise Michel huyera a Londres en julio de 1890 y viviera allí en exilio durante cinco años siguientes.
En Londres inauguró la escuela internacional para hijos de refu­giados políticos, probablemente la primera escuela libertaria fundada en Gran Bretaña. La tónica de la escuela se puede apreciar por la composición del claustro, que incluía al diseñador socialista ingles William Morris, al príncipe anarquista ruso Piotr Kropotkin y al revolucionario italiano Enrico Malatesta. El prospecto de la escuela incluía esta declaración del anarquista ruso Mijail Bakunin: “Toda educación racional no es en el fondo otra cosa que la inmolación progresiva de la autoridad en beneficio de la libertad, siendo necesaria­mente el objetivo final de la educación la formación de hombres libres llenos de respeto y amor por la libertad de otros”. La escuela promovía una educación “racional e integral”; ninguna asignatura era obligatoria, se enseñaba en pequeños grupos y a los alumnos se les animaba a pensar por sí mismos. Sin embargo, en 1892, cuando la policía declaró haber encontrado en los sótanos de la escuela equipamiento para fabricar bombas, la escuela fue clausurada.

EI13 de noviembre de 1895 Louise Michel regresó a París donde una masiva congregación le dio la bienvenida en la estación de Saint-Lazare, y reanudó sus giras oratorias alrededor de Francia en apoyo de las causas anarquista y obrera. En los lo años siguientes, haciendo caso omiso de su mala salud, continuó desplazándose entre Londres, París, Edimburgo y otras capitales europeas donde hacía la prédica del evangelio de la rebelión.

Anarquista viajera

Aunque gozaba de amplio prestigio, como era mujer no ejerció en los círculos revolucionarios la misma autoridad que los líderes hombres como Blanqui, Kropotkin y Mane. Pero Louise Michel siguió desempeñando un papel significativo en los debates que en los finales del siglo XIX tuvieron lugar entre anarquistas, socialistas y comunistas sobre la mejor manera de hacer revolución.

En julio de 1881 Louise Michel asistió al Congreso Internacional de Obreros y Sindicalistas que se celebró en Gran Bretaña. El evento fue organizado por el líder anarquista Piotr Kropotkin, quien aspiraba crear una “Internacional Negra” anarquista, como contrapartida de la Primera Internacional comunista de Mane Louise Michel. Viajó a Londres en representación de los grupos anarquistas franceses, y se unió allí a delegados de otros países europeos, Estados Unidos, México, Rusia, etc. Sin embargo, el congreso fue un fracaso, y un segundo intento (el Segundo Congreso Internacional de 1896) acabó por producir la ruptura definitiva entre los socialdemócratas marxistas y los anarquistas.

Después de haber sido arrestada en Bélgica y expulsada de este país en septiembre de 1897, Louise Michel siguió trasladándose entre París y Londres desde 1898 hasta 1900, asistiendo a conferencias y publicando sus obras sobre la Comuna de París. En el exilio desempeñó un papel público dando apoyo a sindicalistas, anarquistas y demócratas frente a la represión policial. Los archivos de la policía guardan constancia de su discurso en Trafalgar Square, junto a la Columna de Nelson, en apoyo a los radicales presos y torturados en España. En Londres hizo campaña junto al líder obrero británico Tom Mann y los anarquistas Kropotkin, Malatesta y Emma Goldman en apoyo a la causa de los mártires de Haymarket (ejecutados en Chicago, Estados Unidos, después de que una bomba causara la muerte de policías en una protesta a favor de la jornada laboral de ocho horas que tuvo lugar el primero de mayo de 1886). En diciembre de 1899 Louise Michel reapareció en Londres con Emma Goldman y Kropotkin en un “Gran mitin y concierto en beneficio de la agitación en favor de las víctimas políticas en Italia”. Condenó también el antisemitismo de la derecha al sumarse a la campaña en defensa del capitán Alfred Dreyfus, oficial francés injustamente acusado de traición y encarcelado en la colonia penal en la Isla del Diablo.

A la edad de 71 años por poco muere de neumonía, pero el 15 de mayo de 1902 regresó de Londres para proseguir una serie de comparecencias públicas. A lo largo de 1903 recorrió Francia en compañía del joven anarquista y periodista Ernest Girault, hasta que regresó a Londres el 27 de octubre, nuevamente enferma. Una segunda gira de comparecencias públicas en compañía de Girault se inició en febrero de 1904, pero el 20 de marzo se interrumpió en Toulon debido a su precaria salud. En mayo Louise Michel hizo el testamento dejando lo poco que tenía a su camarada Charlotte Vauvelle; pidió que la enterraran junto a su madre, sin ceremonia religiosa, en el cementerio Levallois Perret. En el mismo mes reinició su gira de charlas, pero la carga para su salud resultó ser excesiva.

AI visitar Argelia a finales de 1904, llegó exhausta a la ciudad de Marsella, en el Sur de Francia, donde falleció el 9 de enero de 1905, en la edad de 74 años. Por toda la capital hubo carteles que anunciaban: “Pueblo de París, Louise Michel ha muerto”. El jefe de la policía de la capital movilizó cerca de lo 1.000 hombres para su funeral. Su féretro fue transportado desde Marsella a París, y el 22 de enero de 1905 una multitud de 120.000 personas lo acompañó desde la estación Gare de Lyón hasta el cementerio Levallois-Perret. Aquel día, las tropas del zar abrieron fuego contra manifestantes frente al Palacio de Invierno en San Petersburgo, Rusia, y este fue el preludio de la Revolución Rusa. El legado de Louise Michel sigue vivo.

Fuente:
“Louise Michel”, de Nic Macleclell. Colección “Vidas Rebeldes”
Ediciones Ocean Sur. Melbourne, Australia. Marzo 2004

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3 comentarios to “Louise Michel: “anarquista, luchadora incansable y enamorada de la vida”.”

  1. Margarito Zùñiga Zarate said

    Louise Mitchel una vez más nos dice que en la lucha por el socialismo todos somos iguales no importa el género ni la edad.Al rescatar a la heroina de la Comuna de Paris 1871,me recuerda a las valientes mujeres que enfrentaron al yanqui invasor en 1847. En estos momentos del bicentenario de nuestra independencia seria bueno rescatar a nuestras heroinas del 47.
    A la izquierda.siempre a la izquierda pero,no más a la izquierda del corazòn.Evtushenko

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