Frente Auténtico del Trabajo, Mty.

Página del CETLAC-FAT en Monterrey, NL.

LA GUERRA DE FELIPE CALDERÓN

Posted by CETLAC-FAT-Monterrey en febrero 22, 2010

Por JoseLo Flores.

La guerra que Felipe Calderón ha emprendido en sus primeros años de gobierno ha sido objeto de numerosos análisis. Los análisis que a nosotros nos interesan tienen que ver con el grado de impacto que ha tenido esta guerra al pueblo, pero  sobretodo al pueblo organizado.

Esta guerra, que a ultranza defiende el presidenzuelo mexicano, corresponde supuestamente a una guerra contra el crimen organizado, aunque en un principio se hablaba de dar batalla al narcotráfico.

Las repercusiones son graves. Ninguna guerra que el pueblo no haya emprendido como medio para acabar con los males que le aquejan jamás será justificada ni conveniente.

La primer imagen que se nos viene a la mente cuando nos referimos a la guerra es muerte, sufrimiento, destrucción y precisamente eso es lo que en el país se está viviendo. A pesar de esto, el Estado ha llevado  a cabo una campaña mediática para que una buena cantidad de la población la avale. El medio al que ha recurrido el gobierno es el ya utilizado por el imperialismo estadounidense: el sentimiento generalizado de miedo y de inseguridad.

Existen analistas que nos dicen que esta guerra contra el crimen organizado es una pantalla, que la está utilizando Calderón para legitimarse debido a su escaso respaldo popular desde antes de que asumiera el cargo gracias a un fraude electoral.

También se rumora que esta guerra contra el narcotráfico pues, simplemente no es tal, sino que es una batalla entre bandos de narcotraficantes  y que nuestro gobierno federal está de socio con uno de ellos, y por lo tanto, enemigo de los demás. Y por lo tanto no nos extraña lo que dice el periodista Diego Osorno respecto a que el narcotráfico es hijo de la política. Sólo es cuestión de recordar las declaraciones del recientemente asesinado, Comandante Ramiro, del ERPI, que asegura que el gobierno se vale de los narcotraficantes para crear grupos paramilitares en Guerrero.

Así es como se explica que la guerra que el Estado mexicano ha emprendido contra el crimen organizado pues es una antesala de la represión que le vaticina al pueblo organizado y rebelde.

Nos han informado que dentro del plan bélico del gobierno se propone rescatar las áreas geográficas que están en manos del crimen organizado.  Lo grave aquí es que para el Estado, esto significa acabar con las zonas controladas o de influencia por las organizaciones guerrilleras insurgentes, que son una expresión del hartazgo del pueblo violentado de todas las maneras imaginables por la clase dominante.

Nos dice también la organización de derechos humanos, el Comité Cerezo, que esta guerra implica la criminalización de la protesta. Nos explican que es muy peligroso para los que estamos en la lucha social la implementación de estas políticas belicosas. Y es que sería estúpido ignorar esa cuestión cuando ya lo vemos diario en las calles, en las noticias o en la información que nos llega vía internet sobre asesinatos, amenazas, persecusiones, encarcelamientos a luchadores sociales en el país. Lo medular aquí no es sólo que los integrantes de la lucha social estemos en peligro sino que amenaza de alguna forma el avance popular en sus reivindicaciones sociales desviando por una parte la atención de sus prioridades y por otra neutralizando su accionar por medio del miedo.

Recuerdo una experiencia que tuve hace algunos meses, cuando recién el gobierno había echado a la calle a más de 40 mil trabajadores de Luz y Fuerza del Centro. Estábamos en la Plaza Colegio Civil en el Centro de Monterrey realizando una acción de solidaridad hacia los compañeros electricistas cuando una señora que le había regalado un volante me reclamó de manera histérica. Me decía que no teníamos conciencia de lo que estábamos haciendo. Para ella lo que hacíamos era una provocación a la violencia y una absurda manifestación de un raro principio llamado solidaridad.

Pero por qué tanto escándalo, si de igual manera alguna gente nos ponía atención mientras que otras nos ignoraban y seguían su paso normalmente.

Mi pregunta se respondió rápidamente cuando la señora me alertaba de la probable llegada de gatilleros al servicio del narcotráfico. Me sorprendí, y es que no le encontraba relación. ¿Qué teníamos que ver nosotros con aquellos?

Por más que trataba de explicarle el motivo de nuestra manifestación ella no entendía razones. Me insistía en que era un grave error lo que hacíamos: nosotros no debíamos protestar por las políticas antiobreras del Estado sino colaborar con el gobierno para acabar con las organizaciones de narcotraficantes.

Es cierto, esta señora pudiera representar al extremo de un sector de la población atemorizada debido a las campañas mediáticas gobiernistas

También es cierto que existe otro sector de la población que no respalda las acciones de Calderón y conozco a muchas de esas personas. Pero lo que es un hecho es que los medios de comunicación no han cesado desde hace algunos años en meter a fuerza de repeticiones y terquedad la necesidad implementar permanentemente esta política de guerra contra el crimen organizado.

Por lo tanto, no podemos dejar de tomar en cuenta esta situación. Es una realidad el hecho de la implementación de políticas fascistoides y con ellas llega una radicalización de la represión al pueblo organizado. Y como soporte a estas políticas de control social se halla la aceptación generalizada de la población.

¿Cómo enfrentarlo? Se nos viene una tarea más dentro de las obligaciones que ya tenemos cada quien en su organización. Aunque suene trillado, es necesario ver las formas en que pueda ser posible un acercamiento real de las diferentes organizaciones populares para que podamos sostener siquiera una red de solidaridad ante algún ataque del Estado. En estos momentos es primordial ingresar al debate público e incidir en la opinión pública, tenemos que clarificar las posiciones en nuestras áreas de influencia y manifestar nuestro rechazo a la guerra que Calderón ha emprendido contra el pueblo mediante la militarización del país.

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